Artículos de investigación
Psicología ambiental del tercer paisaje: propiedades colativas y restauradoras del diseño urbano
Environmental Psychology of the Third Landscape: Collative and Restorative Properties of Urban Design
Psicología ambiental del tercer paisaje: propiedades colativas y restauradoras del diseño urbano
Quivera. Revista de Estudios Territoriales, vol. 27, núm. 2, pp. 99-128, 2025
Universidad Autónoma del Estado de México
Recepción: 14 Abril 2025
Aprobación: 06 Junio 2025
Publicación: 04 Julio 2025
Resumen: Este artículo examina las propiedades colativas y restauradoras del diseño urbano desde la perspectiva de la psicología ambiental, centrándose en el concepto del “tercer paisaje” propuesto por Gilles Clément. A través de un análisis teórico, se articulan los fundamentos de la percepción estética del entorno urbano, la teoría de la restauración ambiental y la valoración de espacios no convencionales en la ciudad. Se incorporan estudios contemporáneos sobre percepción, bienestar y diseño urbano, con el fin de comprender cómo los espacios marginales pueden contribuir a la restauración psicológica y la calidad ambiental. El artículo concluye que el diseño urbano debe considerar no solo los elementos formales del paisaje, sino también los aspectos simbólicos y experienciales que aportan los espacios espontáneos o residuales.
Palabras clave: colativo, diseño urbano, espacio público, restauración, tercer paisaje.
Abstract: This article examines the restorative and cohesive properties of urban design from an environmental psychology perspective, focusing on Gilles Clément’s concept of the “third landscape.” Through theoretical analysis, it articulates the foundations of aesthetic perception in urban environments, environmental restoration theory, and the valorization of unconventional urban spaces. Contemporary studies on perception, well-being, and urban design are incorporated to understand how marginal spaces can contribute to psychological restoration and environmental quality. The article concludes that urban design should consider not only the formal elements of the landscape but also the symbolic and experiential aspects provided by spontaneous or residual spaces.
Keywords: collative, urban design, public space, restoration, third landscape.
Introducción
La creciente complejidad de las ciudades contemporáneas plantea interrogantes fundamentales sobre el papel que juegan los espacios urbanos en el bienestar biopsicosocial de sus habitantes. Estudios han evidenciado la relación entre el entorno construido y el estrés crónico, la ansiedad o la desconexión emocional —alienación— (Evans, 2003). En este contexto, la psicología ambiental es un campo de estudio interdisciplinario que examina cómo el entorno construido y natural influye en los procesos cognitivos, afectivos y conductuales (Villalpando-Flores, 2021), logrando que esta disciplina ofrezca herramientas para analizar la interacción entre las personas y sus contextos sociofísicos, auxiliando en los procesos de diseño de espacios urbanos para promover una percepción favorable de la calidad de vida (Bonnes et al., 2019).
Durante las últimas décadas ha cobrado fuerza el enfoque transdisciplinario en el análisis del entorno urbano, partiendo del hecho de que ciertos lugares tienen la capacidad de facilitar la recuperación del estrés y la fatiga atencional, ofreciendo experiencias sensoriales, cognitivas y conductuales que ayudan en la regeneración de los recursos psicológicos; llamándole a este proceso restauración ambiental (Hartig et al., 2014). Este interés por conocer los beneficios psicosociales y psicofisiológicos del contacto con elementos naturales ha generado interés —por ejemplo— en los efectos de la exposición a reservas naturales y entornos periurbanos como bosques (Pretty et al., 2005), espacios públicos con elementos de diseño como parques, jardines, corredores (Menatti et al., 2019), así como la relación de estos ambientes con escenarios educativos (Amicone et al., 2018), hospitalarios (Jung et al., 2023) y residenciales (Largo Wight et al., 2024). Es dentro de estos intereses donde se han explorado los beneficios de espacios menos convencionales, como bordes residuales (Toro Vasco et al., 2005), paisajes no planificados (Morales Gallegos et al., 2021), o intersticios urbanos (Félix Lugo y Organista Camacho, 2023), los cuales tradicionalmente son consecuencia colateral de procesos de planificación urbana y desarrollo territorial desordenados.
Es en esta línea que el concepto de tercer paisaje propuesto por Gilles Clément (2018), —refiriéndose a los espacios en la ciudad que escapan a las lógicas tradicionales del urbanismo donde se generan de manera espontánea elementos de biodiversidad con la que el ser humano y otras especies conviven en la cotidianeidad—, adquiere una importancia teórica al considerarlos espacios naturales que pueden ser resignificados como escenarios urbanos de contemplación, exploración y desconexión de la vida urbana (Yao et al., 2021); una visión que va más allá de meros vacíos urbanos. Con ello y desde la óptica de la psicología ambiental, se puede considerar que el tercer paisaje representa un tipo de entorno que puede desafiar las categorías formales del diseño, ofreciendo experiencias altamente significativas y restauradoras para los urbanitas.
Sin embargo, es importante recabar que muchas veces la presencia de estos vacíos urbanos es consecuencia natural de una falta de planeación urbano-territorial integral que repercute negativamente en la funcionalidad, calidad de la infraestructura, salud pública e imagen urbana. Latkin y Curry (2003) ya apuntaban que el contacto con el desorden urbano es una antecedente de entornos estresantes y de bajos niveles de salud psicológica, por lo que la población termina por correlacionar estos lugares con connotaciones negativas ancladas en el abandono, contaminación, pobreza socioespacial y fealdad. Garvin et al. (2013) mencionan que la percepción ambiental de vecindarios que tengan estos pequeños lugares perjudica la percepción de bienestar social y de seguridad, así como el crecimiento de fauna nociva. En ese mismo contexto, South et al. (2018) relacionan la presencia de terrenos baldíos verdes con la prevalencia de padecimientos psicofisiológicos y emocionales como la depresión y ansiedad, asegurando que la intervención con base en la participación comunitaria para el rescate y limpieza de estos lugares mejora el sentido de pertenencia, fortalece elementos psicológicos, promueve la salud pública, y revaloriza la naturaleza del lugar. De igual forma Roude et al. (2024) afirman que la población tiene consciencia de la presencia de estos lugares y de las afecciones psicosociales para la comunidad, pero que muchas veces se carece del apoyo gubernamental o interés comunitario para rescatar dichos espacios y darles un uso y una estética que modifique la percepción ambiental de la zona.
Dentro de estas ideas y realidades se puede encontrar que la estética urbano-ambiental juega un papel fundamental en esta relación de fenómenos psicoespaciales, donde la valoración del entorno deja su postura puramente formalista al considerar dimensiones afectivas, culturales y simbólicas en la experiencia perceptiva del paisaje urbano (Weilacher, 2008). El abordaje de esta perspectiva reconoce que la belleza de un lugar no se reduce únicamente a su composición visual, sino que emerge de su interacción con la memoria, la identidad, y la historia del sujeto que lo habita (Berleant, 2010). Por ende, los espacios marginales o residuales pueden activar una forma de estética del descubrimiento, donde el valor percibido proviene más de su autenticidad y apertura interpretativa que de su armonía o simetría.
Esto permite recordar el posicionamiento de Canter (2024) sobre la experiencia humana en los lugares urbanos, afirmando que la ciudad es más un campo concentrado de significados que entrelazan lo funcional y lo simbólico, y no solo un conjunto de infraestructuras en espera de su uso. De esta manera el paisaje urbano no debe ser entendido como una imagen estática, más bien como una experiencia vivida y construida a través de las prácticas cotidianas, las narrativas culturales, las condiciones espaciales y las disposiciones psicológicas y emocionales de quienes lo habitan. De acuerdo con Holl (2018), este enfoque fenomenológico sobre la percepción urbana cuestiona los modelos normativos del diseño y abre paso a una mirada más inclusiva, capaz de reconocer el valor subjetivo y experiencial de los espacios periféricos o informales.
El presente artículo tiene como objetivo analizar el papel del tercer paisaje en los entornos urbanos desde la perspectiva de la psicología ambiental. Para ello, se desarrolla un análisis teórico fundamentado en dos tradiciones clave en el estudio del ambiente: 1) las propiedades colativas que promueven la activación sensorial y la curiosidad estética (Berlyne,1974), y 2) las propiedades restauradoras asociadas a la recuperación cognitiva y emocional (Kaplan y Kaplan, 1989). Metodológicamente se adopta un enfoque cualitativo mediante una revisión narrativa seleccionando fuentes que se alinean con el objetivo del estudio, logrando que la integración de ambas tradiciones demuestre que el tercer paisaje puede contribuir al bienestar psicológico dentro de un contexto marcado por la creciente preocupación por los efectos psicosociales de la vida urbana contemporánea. En este sentido, Villalpando-Flores (2023a) plantea la necesidad de repensar el diseño urbano, arquitectónico y paisajístico, no solo desde criterios funcionales o de sostenibilidad ambiental, sino también como un factor determinante para la salud mental individual y colectiva.
El tercer paisaje como concepto fundacional
Gilles Clément (2018), botánico y paisajista francés, es el autor del concepto de tercer paisaje para referirse a los espacios “sin uso” que emergen de manera espontánea en los intersticios de la planificación urbana, diferenciándose de los paisajes primarios —ecosistemas naturales vírgenes— y secundarios —áreas cultivadas o diseñadas intencionalmente—. Estos espacios que abarcan terrenos baldíos urbanos, bordes de carreteras, zonas postindustriales abandonadas, riberas degradadas, y cualquier otra área donde la naturaleza se reafirme tras el retiro o la negligencia humana, son descritos como “lugares de indecisión”, recalcando un estado liminal donde no son ni completamente naturales ni totalmente artificiales, sino un híbrido dinámico que escapa a las categorías tradicionales del ordenamiento territorial y planificación urbana, situación que dota a estos espacios de una cualidad enmarcada por su espontaneidad, transitoriedad y capacidad para albergar el nacimiento inesperado de biodiversidad.
Por otro lado, esta espontaneidad se refleja en la forma en que la vegetación coloniza estos espacios sin dirección humana, donde plantas pioneras como hierbas resistentes o arbustos adaptados a suelos perturbados, se establecen junto a restos de estructuras urbanas —ladrillos, cemento, metal oxidado—, creando un mosaico ecológico que contrasta con la homogeneidad de los entornos urbanos diseñados (Clément, 2022), que incluye elementos de flora y fauna urbana adaptable que encuentran refugio en estos nichos olvidados. Es así que el tercer paisaje opera como un espacio físico-biológico en el cual la biodiversidad se mantiene y desarrolla al margen de la intervención humana. Dicho constructo asume que lugares como corredores ecológicos, facilitan la conectividad entre los fragmentos dispersos de la naturaleza con otros fragmentos de otros espacios urbanos, de tal forma que, de acuerdo con Clément (2018), esa cualidad transitoria complejiza esta relación fenomenológica dado que estos lugares pueden desaparecer bajo el avance de nuevos desarrollos urbanos o transformarse en ecosistemas más estables si se les permite perdurar, lo que los convierte en laboratorios vivos de resiliencia ecológica y adaptación.
Ahora bien, Fleury-Bahi y Ndobo (2017) declaran que desde la psicología ambiental, estos lugares trascienden su dimensión ecológica dentro de un contexto de mayor envergadura para convertirse en un fenómeno perceptual y emocional, que influye en cómo las personas perciben, experimentan, conocen y se emocionan por su entorno, desafiando las expectativas de orden, limpieza, y funcionalidad que dominan las ciudades modernas (Lennon, 2020), lo cual genera respuestas ambivalentes por su apariencia desordenada y su asociación con el abandono, provocando rechazo o inseguridad (Maruthaveeran y Van den Bosh, 2015), o en algunos casos pueden evocar fascinación, nostalgia o una sensación de libertad por su autenticidad y su carácter salvaje (Gabriel, 2016). Esta dualidad perceptual posiciona al tercer paisaje como un objeto de estudio clave para comprender cómo los entornos urbanos no convencionales afectan el bienestar humano, logrando que estos espacios rompan con la monotonía urbana estimulando la mente, permitiendo el restaurarse frente a la saturación sensorial de las ciudades; de ahí la importancia de las propiedades colativas y restauradoras en el estudio del paisaje. En la tabla 1 se presenta una comparación conceptual de la relación de ambas propuestas.
| Propiedades colativas Berlyne (1971) | Propiedades restauradoras Kaplan y Kaplan (1989) | Resultado |
| Ambigüedad | Alejamiento | Ejecución conductual |
| Novedad y complejidad | Coherencia y compatibilidad | Estimulación visual |
| Conflicto y sorpresa | Fascinación y alcance/extensión | Procesamiento cognitivo |
La tabla 1 muestra que existen relaciones conceptuales donde la relación entre la activación sensorial y curiosidad estética (Berlyne, 1971) con la recuperación cognitiva y emocional (Kaplan y Kaplan, 1989) generan resultados a nivel conductual, fisiológico y cognitivo, tres elementos presentes en las transacciones que se construyen con los entornos urbanos. Esto nos remite a que la forma en cómo se percibe, conoce, y conceptualiza el entorno será la antesala para tener intenciones y acciones de conducta que modifiquen significados, usos, preferencias y valoraciones estéticas; todo esto relacionado con la percepción de calidad de vida urbana.
De ahí que Clément (2018) sugiere que estos espacios no deben ser vistos como problemas a resolver, sino como oportunidades para enriquecer la estructura urbana, a partir de la revalorización de lo marginal, abogando por su preservación e integración en la planificación urbano-territorial, dejándolos evolucionar naturalmente o incorporándolos como elementos híbridos que combinen lo espontáneo con lo diseñado. Este enfoque resuena con la idea de ciudades más resilientes y adaptativas, donde la coexistencia de lo natural y lo humano fomenta una relación más dinámica entre los habitantes y su entorno (Beatley, 2011).
Rupprecht et al. (2015) exploraron cómo los residentes de ciudades densas perciben los terrenos baldíos urbanos como espacios “reales” en contraste con los parques diseñados, valorándolos por su autenticidad y su capacidad para ofrecer libertad perceptual y ecológica, cumpliendo una función psicológica al permitir experiencias de desconexión y exploración que los entornos planificados no siempre facilitan. De manera similar, Mathey et al. (2018) analizaron la percepción pública de la vegetación espontánea, encontrando que muchos individuos los asocian con una conexión emocional con la naturaleza. Siguiendo esta línea, Anderson et al. (2016) reporta que los paisajes no diseñados pueden ser percibidos como refugios psicológicos que ofrecen un sentido de calma y autenticidad, especialmente en áreas de alta densidad urbana.
En síntesis, el tercer paisaje se erige como un concepto fundacional que trasciende su definición ecológica para abarcar dimensiones psicológicas y urbanísticas. Desde la psicología ambiental, su espontaneidad, diversidad, y ambigüedad lo convierten en un espacio que desafía las normas perceptuales y ofrece oportunidades únicas para la interacción humana. En el diseño urbano, sugiere un cambio de paradigma hacia la aceptación de lo no planificado como un componente valioso de las ciudades, capaz de enriquecer tanto el ecosistema como la experiencia de sus habitantes (Villalpando-Flores, 2023b), esto último íntimamente ligado con las propiedades colativas y restauradoras del paisaje.
Propiedades colativas y restauradoras del tercer paisaje
Todo entorno antropogénico está impregnado de dimensiones connotativas y denotativas que subyacen a los elementos psicológicos inherentes a los ambientes sociofísicos, los cuales poseen una trascendencia socioespacial y emocional significativa que sugiere que los espacios diseñados y naturales, están dotados de una carga psicológica y emocional derivada de los procesos de reinterpretación humana, la función excitatoria de los componentes del diseño y el esquema social que surge de las interacciones socioambientales (Coreno Rodríguez y Villalpando-Flores, 2013). De ahí que importan las propiedades colativas y restauradoras del paisaje.
La teoría de la motivación estética de Daniel Berlyne (1971) y el trabajo de Stephen y Rachel Kaplan (1989) acerca de los componentes cognitivos de los ambientes restauradores, fundamentan un marco teórico esencial para comprender cómo los entornos capturan la atención humana, promueven determinadas actividades y juicios, y generan respuestas perceptuales placenteras. Aspectos como novedad, complejidad, conflicto, ambigüedad y sorpresa —propiedades colativas— son clave en la experiencia estética por estimular la curiosidad y el interés al mantener un nivel óptimo de activación cognitiva. De acuerdo con este enfoque un entorno demasiado simple resulta monótono y aburrido, mientras que uno excesivamente caótico provoca confusión o rechazo, por lo que el placer estético surge del equilibrio entre estos extremos.
Mas adelante Kaplan y Kaplan (1989) adaptaron estas ideas al contexto de los paisajes naturales, identificando que elementos como coherencia, compatibilidad, alejamiento, fascinación, y alcance/extensión —propiedades restauradoras— influyen en la preferencia ambiental, éxito conductual, y en la sensación de bienestar percibido. Estas características determinan la atracción estética y modulan la interacción cognitiva con el paisaje, influyendo en la manera en que las personas lo procesan y lo valoran (Kaplan, 1995). Esto se debe a que el usuario se ve en la posibilidad de ejecutar más de una actividad gracias a las condiciones físicas del ambiente, dando paso a la restauración, definida por Hartig y Staats (2006) como el proceso de recuperación fisiológica, psicológica y de recursos sociales que gracias a la interacción entre las características percibidas como favorables del ambiente, y los recursos psicológicos del individuo, se disminuyen esfuerzos para cumplir las exigencias de la vida cotidiana, alcanzando un equilibro homeostático.
Estas propiedades se manifiestan de manera distinta debido a la diversidad de respuestas psicológicas, emocionales y sociales, que son resultado de las percepciones y cogniciones ambientales. Esta relación compleja entre lo subjetivo (conducta) y lo objetivo (espacio físico) resulta de las distintas interacciones entre la disparidad de elementos que emergen dentro del lugar: vegetación silvestre que crece entre grietas de concreto, escombros dispersos que coexisten con flora espontánea, un terreno baldío donde hierbas altas se mezcla con restos de estructuras de asentamientos viejos, o ruinas industriales cubiertas de enredaderas (Clément, 2022). Pero, en cualquier caso, esta diversidad visual, sonora y olfativa ofrece una riqueza perceptual con la capacidad de estimular la mente sin llegar a saturarla, lo que invita a focalizar la atención en escenas que pueden valorizarse como placenteras, bellas, e incluso, interesantes. Knez et al. (2018) analizaron la percepción estética de paisajes urbanos con diferentes niveles de intervención, concluyendo que los entornos con vegetación espontánea son preferidos por su capacidad para evocar curiosidad y su complejidad moderada en cuanto a diseño.
De igual forma, la sorpresa y misterio son características propias de la incertidumbre natural de estos espacios: un rincón sombrío que sugiere historias no contadas, una pared derruida que oculta lo que hay detrás, o un sendero apenas visible que se pierde entre arbustos, entre la mezcla de flora y algún vestigio de una construcción (Clément, 2022). Todos estos rasgos construyen un conocimiento ambiental que fomenta la exploración física e imaginativa, apuntando a ciertos niveles de fascinación ambiental y curiosidad estética, mismas que se relacionan con la coherencia espacial percibida a partir de ciertos niveles de armonía implícita que diseñan un todo orgánico, y que se interpreta desde la experiencia del usuario como una narrativa espontánea; situación que termina por anclarse con la legibilidad y los puntos de referencia (Lynch, 2016), facilitando el recorrer un espacio que a primera vista puede parecer caótico. En la tabla 2 se presenta una relación entre el concepto del tercer paisaje y las propiedades colativas y restauradoras, así como sus respectivos efectos psicológicos y físicos.
| Definición | Efectos psicológicos | Efectos físicos | Relación con el tercer paisaje | Ejemplo | |
| Propiedades colativas (Berlyne, 1971) | |||||
| Complejidad | Variedad y riqueza moderada de elementos que estimulan la percepción sin abrumar. | Incrementa el interés, curiosidad, y evita el aburrimiento. | Elevar ligeramente la activación fisiológica (excitación). | La mezcla de vegetación espontánea ofrece un estímulo visual diverso. | Un terreno baldío con hierbas y arbustos. |
| Novedad | Presencia de elementos nuevos o inesperados que despiertan la atención. | Genera placer estético estimulando la exploración. | Aumenta la alerta fisiológica (ritmo cardíaco, presión). | Los detalles inesperados captan la atención por su carácter no diseñado. | Una flor silvestre creciendo entre grietas de concreto. |
| Sorpresa | Elementos que rompen con las expectativas generando una reacción emocional. | Provoca asombro y deleite, intensificando el interés. | Puede inducir respuestas rápidas (dilatación pupilar). | Los eventos imprevistos generan reacciones emocionales espontáneas. | Un pájaro posándose en una ruina. |
| Ambigüedad | Falta de claridad, o interpretaciones que incitan a la reflexión y la curiosidad. | Estimula la imaginación y la cognición. | Ligera elevación de la excitación por incertidumbre. | La indefinición invita a interpretaciones diversas sobre su historia o uso. | Una estructura derruida que podría ser arte o basura. |
| Conflicto | Elementos opuestos o contradictorios que requiere resolución mental. | Genera intriga causa incomodidad siendo excesivo. | Posible aumento de tensión muscular o estrés leve. | La yuxtaposición de naturaleza y ruinas crea una tensión estética. | Vegetación creciendo sobre un muro oxidado. |
| Propiedades restauradoras (Kaplan y Kaplan, 1989) | |||||
| Coherencia | Orden y estructura comprensible que facilita la interpretación del entorno como un todo unificado. | Reduce el esfuerzo cognitivo mediante calma y claridad. | Disminuye indicadores de estrés (cortisol). | El desorden forma un todo orgánico que se percibe armonioso. | Un área abandonada con vegetación que se mezcla con ruinas. |
| Compatibilidad | Alineación entre el entorno y las necesidades, expectativas, gustos, y actividades con posibilidades de realizar. | Aumenta la satisfacción y el bienestar subjetivo. | Favorece la relajación física (baja presión arterial). | Satisface deseos de calma o exploración. | Un rincón tranquilo en un solar para meditar. |
| Alejamiento | Sensación de escape o distanciamiento por elección, que proporciona un refugio mental. | Alivia la fatiga mental, el estrés, y fomenta la desconexión. | Reduce la activación del sistema nervioso simpático. | Ofrece un contraste con la densidad urbana, actuando como un refugio perceptual. | Un terreno verde entre edificios que se siente lejano y propio. |
| Fascinación | Captan la atención de forma involuntaria, descansando la atención dirigida. | Renueva la atención y reduce la fatiga mental. | Disminuye la tensión fisiológica (respiración más calma). | Detalles espontáneos capturan la atención sin esfuerzo. | Plantas creciendo entre escombros que atraen la mirada. |
| Alcance (Extensión) | Entorno amplio e interconectado que genera experiencias inmersivas y exploratorias. | Promueve inmersión y sensación de amplitud. | Puede inducir relajación por la sensación de espacio. | La interconexión de áreas abandonadas crea una experiencia envolvente y perceptible. | Un conjunto lejano de lotes vacíos unidos por vegetación. |
Desde la psicología ambiental estas propiedades son fundamentales para analizar cómo los entornos no convencionales con elementos naturales inciden en la percepción y el comportamiento humano. De acuerdo con Van den Berg (2021), el descubrimiento ambiental como resultado de la suma de lo complejo y misterioso, aminora la monotonía clásica de los lugares cotidianos, mientras que lo legible y coherente proveen de una sensación de seguridad y control: condiciones necesarias para la aceptación de estos lugares. Esta interacción entre estética y cognición tiene implicaciones directas en el diseño urbano, sugiriendo que los entornos no planificados poseen un valor intrínseco que enriquece la experiencia urbana (Andrade et al., 2021), por ejemplo, la integración de ruinas industriales en el diseño de un parque potencializa la estimulación perceptual sin necesidad de una intervención excesiva, promoviendo un diseño diverso e inclusivo que respete la espontaneidad del tercer paisaje.
Hoyle et al. (2017) investigaron la relación entre la estética y la restauración en plantaciones urbanas, encontrando que la complejidad y el misterio aumentan la preferencia estética y la percepción de biodiversidad. Pazhouhanfar y Kamal (2019) exploraron cómo la legibilidad y la coherencia en paisajes seminaturales inmersos en las ciudades, incrementan el potencial restaurador percibido. Por su parte Bar-Ad et al. (2025) utilizaron experimentos de realidad virtual para evaluar cómo la disposición de la vegetación en áreas verdes urbanas afecta la percepción estética y la seguridad, encontrando que la presencia de misterio aumenta el interés pero incrementa la percepción de inseguridad si no se entiende con precisión. Las investigaciones mencionadas muestran que las propiedades colativas determinan la atracción estética y median la experiencia psicológica en entornos urbanos con naturaleza, sugiriendo que existen formas y razones para la integración del tercer paisaje en el diseño urbano.
En consecuencia, las propiedades estéticas y cognitivas del paisaje urbano proporcionan un entramado teórico que permite entender la funcionalidad, relevancia, y atractivo del tercer paisaje en contextos urbanos. Estos elementos exponen que la estimulación sensoperceptual enriquece las esferas socioculturales y ambientales de la vida urbana desafiando creencias y nociones tradicionales de orden y diseño, sugiriendo que los entornos no planificados son recursos valiosos para las propuestas de diseño urbano-paisajístico que tengan la capacidad de equilibrar la estimulación ambiental y el conocimiento espacial, con la conectividad ambiental, identidad urbana, preferencia espacial, y arraigo comunitario.
Dimensiones restauradoras del tercer paisaje
Lo propuesto por Kaplan y Kaplan (1989) acerca de la restauración ambiental, provee de un marco de referencia en el estudio de los entornos naturales y urbanos cuya composición y diseño favorecen la disminución de la fatiga mental y atención dirigida, ambas consecuencias de las demandas cognitivas, estrés urbano-ambiental, y sobre estimulación espacial. En este sentido, es importante mencionar las aportaciones de Ulrich (1983) con su teoría de la reducción del estrés, estableciendo la importancia del funcionamiento afectivo a través de la restauración del estrés psicofisiológico, implicando que el estrés genera respuestas conductuales, psicológicas, y emocionales enfocadas a situaciones demandantes, generando un incremento en la activación del sistema nervioso autónomo como respuesta de alarma y activación; de manera que la restauración se da cuando interacciona la necesidad de restauración con un encuentro visual con escenas naturales valoradas como benéficas, generando bienestar subjetivo (Coreno Rodríguez et al., 2010).
En síntesis, y de acuerdo con Villalpando-Flores y Bustos-Aguayo (2023), la teoría de la reducción del estrés (TRE) de Ulrich (1983), con una postura evolucionista, propone que el contacto con lo natural mejora el rendimiento cognitivo mediante un buen estado anímico que disminuye la tasa de estrés percibido, mientras que la teoría de la restauración ambiental (TRA) de Kaplan y Kaplan (1989), con un posicionamiento funcionalista, sostiene que el contacto visual con la naturaleza reduce la fatiga asociada con la concentración intensa.
Aterrizando estas ideas sobre la restauración ambiental en el tercer paisaje, estos procesos se manifiestan al ofrecer experiencias que contrarresten la rigidez natural del diseño de las ciudades modernas, y su saturación sensoperceptual producto de la hiper estimulación. Bajo este criterio, elementos como el alejamiento y extensión, se experimentan gracias a la presencia de barreras ambientales que son producto de la ubicación, tamaño, y espesura de la vegetación (Roe y McCay, 2023), que permiten percibir una separación entre este lugar y el resto de la ciudad: como por ejemplo un terreno baldío cubierto, un solar vacío, e incluso, un claustro donde existan interconexiones naturales que sirvan como barreras ambientales para la percepción de otros estímulos urbanos.
Entender entonces que la fascinación por estos sitios como resultado de una fragmentación en la composición urbana es considerar que los detalles orgánicos e inesperados del tercer paisaje capturan la atención sin exigir esfuerzo, lo que permite descansar la mente, renovar la atención, y minimizar el estrés (Villalpando-Flores, 2022). Asimismo, el resultado de estas experiencias urbano-ambientales generan elementos de compatibilidad donde el tercer paisaje puede satisfacer las necesidades biopsicosociales durante esta búsqueda de tranquilidad, exploración, o solo contemplación: como por ejemplo el movimiento de hojas mecidas por el viento en un lugar aparentemente desolado, una enredadera con flores (o no) que trepa por una estructura en ruinas, o solo sentarse en un rincón silencioso. Para Szolosi et al. (2014) estas actividades demuestran que las transacciones con espacios con naturaleza urbana son capaces de resonar con diferentes estados emocionales y motivacionales de sus usuarios.
Estas ideas señalan que el tercer paisaje tiene el potencial de ser un recurso restaurador en las ciudades, desafiando los paradigmas convencionales del diseño urbano-paisajístico, al preservar e integrar estos espacios en la planificación urbana, ofreciendo una alternativa sostenible a los enfoques tradicionales que homogeneizan el paisaje urbano: como por ejemplo permitiendo que un terreno baldío evolucione naturalmente, o diseñando parques que conserven e integren orgánicamente en la propuesta de diseño algunos elementos de abandono. En la tabla 3 se presentan tres casos que ejemplifican la relación de las ideas discutidas hasta este momento. Los casos presentados se obtuvieron mediante investigación documental en notas periodísticas y blogs de arquitectura que reportaron el proceso de rescate y recuperación, teniendo como criterios de inclusión: 1) que fueran lugares residuales, 2) que tuvieran un uso distinto al actual, 3) que estuvieran en condiciones de abandono, y 4) que pasaran por un proceso de reordenamiento urbano para su revitalización e integración funcional al contexto urbano.
| Parque lineal elevado High Line (Nueva York, EE. UU) | Parque estatal Landschaftspark Duisburg-Nord (Duisburg, Alemania) | Parque Fluvial Del Besòs (Barcelona, España) | |
| Descripción del lugar | Antigua vía férrea elevada convertida en parque público con vegetación espontánea y diseñada. | Planta siderúrgica abandonada transformada en parque público con naturaleza y estructuras industriales. | Ribera degradada restaurada como corredor verde con vegetación espontánea. |
| Usos y actividades | Paseo contemplativo, arte público, actividades culturales, turismo. | Exploración libre, escalada, cine al aire libre, eventos comunitarios. | Deporte, esparcimiento familiar, movilidad activa. |
| Enfoque de diseño UAP | Revitalización con integración cultural y turística; enfoque de acupuntura urbana. | Regeneración postindustrial y recuperación ecológica. | Renaturalización urbana con función ecológica y social. |
| Elementos clave dediseño UAP | Plataforma elevada con jardines lineales, integración de rieles históricos, zonificaciones diversas, bancos con vistas, mezcla de plantas nativas y ornamentales. | Reutilización de estructuras industriales, senderos entre vegetación espontánea, áreas de escalada y miradores, y zonificaciones para actividades sedentarias y grupales. | Restauración con plantas autóctonas, caminos paralelos, preservación de elementos industriales relacionándolos con infraestructura actual. |
| Conectividad y accesibilidad | Alta conectividad peatonal entre barrios, puntos de entrada múltiples con ascensores y escaleras. | Recorridos libres, abiertos y laberínticos, acceso amplio para actividades culturales. | Conexión longitudinal entre municipios, ciclovías, y peatonales continuos. |
| Integración urbana | Hito arquitectónico-turístico de alta densidad y gentrificación. | Refugio ecológico en entorno industrial de baja densidad. | Eje verde metropolitano de integración suburbana de bajo perfil. |
| Propiedades colativas (Berlyne, 1971) | Complejidad (vegetación y arte), novedad (estimulación estética), sorpresa (vistas parciales), ambigüedad (perspectiva visual), conflicto (ubicación en la ciudad). | Complejidad (texturas diversas), novedad (organización poco común), sorpresa (áreas ocultas) ambigüedad (mezcla de espacios), conflicto (evocación nostálgica). | Complejidad (plantas y restos), novedad (relación agua-tierra), sorpresa (causes de agua) ambigüedad (estética espontánea), conflicto (saneamiento). |
| Propiedades restauradoras (Kaplan y Kaplan, 1989) | Coherencia (senderos lineales), compatibilidad (calma urbana), alejamiento (escape del bullicio), fascinación (flores entre rieles), alcance (corredor lineal). | Coherencia (senderos interconectados), compatibilidad (exploración), alejamiento (contraste urbano), fascinación (plantas en ruinas), alcance (zonas conectadas). | Coherencia (senderos sinuosos), compatibilidad (naturaleza urbana), alejamiento (refugio industrial), fascinación (agua, vegetación), alcance (corredor fluvial). |
| Propuesta estrés(Ulrich, 1983) | El diseño urbano fortalecido por la naturaleza del lugar reduce el estrés y promueven la recuperación de tensiones, y estrés percibido. | La naturaleza entre ruinas alivia estrés evocando respuestas positivas frente a un escenario post industrial por sus nuevos valores estéticos-ambientales. | la composición de vegetación, y senderos sinuosos en concordancia con cuerpos de agua optimizan la reducción de estrés. |
| Impacto psicológico | Reducción de estrés psicológico, reducción de ansiedad, mayor sensación de bienestar percibido, renovación atencional de la capacidad de atención, mejoras en el estado anímico, relajación, reconexión con la naturaleza, sensación de tranquilidad, calma, y paz, percepción positiva de salud y bienestar. | ||
| Impacto fisiológico | Reducción de estrés físico, disminución de frecuencia cardio respiratoria, tensión muscular, presión arterial, reducción de niveles de cortisol, disminución de cefaleas y dolores de cabeza, optimización de funciones fisiológicas, activación motora en sus tres niveles (bajo, medio, alto). | ||
| Impacto social | Punto de encuentro para residentes y turistas, fomenta interacción colectiva y cohesión social, es un espacio recreativo multicultural promoviendo actividades colectivas, fortalecen la identidad local, el uso compartido, y empoderamiento sociocultural, promueve conductas prosociales, proambientales, sostenibles, y de deseabilidad social. | ||
| Impacto ambiental | Incremento de biodiversidad urbana, generación de microclimas, reducción del efecto de islas de calor, refugio de especies locales, amortiguación antrópica del ruido mediante barreras ambientales, reducción en la exposición a contaminantes atmosféricos mejorando la calidad del aire, reducción en los índices de contaminación física. | ||
| Impacto cultural | Revaloriza la historia industrial y urbana del contexto, oportunidades de educación ambiental y aprendizaje contextual, integración de elementos artísticos, de diseño con la naturaleza urbana, preservación de memoria histórica-cultural acerca de los antecedentes del lugar, creación de símbolos de resiliencia urbana ante las emergencias climáticas contemporáneas, reconexión y resignificación de la importancia de lo natural en lo urbano. | ||
| Fuentes documentales | Nussbaum, (2009); Gattupalli, (2024); Stewart, A. y Green, (2024) | Bild, (2023); Guixer (2023); Landezine, (2011) | Beltran, (2024); Baquero, (2021); Cedó, (2025) |
| Nota: Elaboración propia. | |||
Roe et al. (2013) exploraron cómo los entornos urbanos con vegetación no intervenida actúan como refugios psicológicos, destacando que el alejamiento y la compatibilidad con las actividades individuales benefician la restauración, mientras que Tabrizian et al. (2018), utilizando entornos virtuales para evaluar la extensión y la fascinación en senderos verdes urbanos, encontraron que los espacios con mayor amplitud perceptual y detalles naturales espontáneos reducen el estrés y mejoran la atención. En sintonía con este aumento de bienestar, Villalpando-Flores y Bustos-Aguayo (2024a), reportan que los elementos de diseño con vegetación promueven relaciones positivas con el entorno natural, lo cual influye en la percepción de bienestar a partir de la restauración. Por su parte Peng et al. (2025) encontraron que los espacios con vegetación espontánea promueven la fascinación y el alejamiento a partir de su tipología diversa, mejorando la reducción de la fatiga mental y el estado anímico.
Como se puede ver, la investigación sugiere que, dentro de los intereses del diseño urbano-paisajístico, las propiedades colativas y por ende las restauradoras del tercer paisaje, exponen la necesidad de un enfoque inclusivo y biofílico en sus propuestas de diseño, donde la preservación de lo espontáneo y orgánico, sean prioridad como una estrategia política y urbana para mejorar la percepción de calidad de vida. Villalpando-Flores y Bustos-Aguayo (2024b) argumentan que la integración de elementos estéticos, psicológicos, socio-comunitarios, y ambientales, fomentan una revalorización de la biodiversidad urbana y la resiliencia humana, dos elementos alineados con los principios de la sostenibilidad, que a su vez, forman parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su Agenda 2030 (ONU, 2016), como el caso de los objetivos 3 (Salud y bienestar), 11 (Ciudades y comunidades sostenibles), 13 (Acción por el clima) y 15 (Vida de ecosistemas terrestres) que presentan una relación más estrecha con los contextos urbanos.
En suma, dimensionar al tercer paisaje como un recurso benéfico a la salud pública a nivel individual y colectivo, dentro de las esferas psicológica, física, social, ambiental, y cultural, es considerar estos lugares como elementos urbanos donde el bienestar humano y la espontaneidad natural contribuyen al alcance de una sostenibilidad multifactorial que apoye en la tarea de mitigar las distintas emergencias climáticas y anomias urbanas.
Discusión
El estudio del tercer paisaje trasciende los límites tradicionales del diseño para integrarse de forma significativa en las ciencias del comportamiento, adoptando una perspectiva transdisciplinar que resalta el papel del tejido social en la promoción de la salud biopsicosocial (Staats, 2023). La revisión teórica y empírica, junto con los casos analizados a lo largo de este trabajo, evidencian la pertinencia de abordar el tercer paisaje desde la psicología ambiental, tal como se estableció en el objetivo de esta investigación.
El cumplimiento de esta tarea se da al exponer cómo las intersecciones entre las propiedades colativas y restauradoras modifican la percepción y entendimiento de entornos urbanos no planificados, logrando así entender, por ejemplo, que la complejidad y misterio abonan a la diversidad visual y sensación de ambigüedad, estimulando la curiosidad y el placer estético. Asimismo, y retomando lo indicado por Park y Evans (2016), los elementos de diseño que se perciben conflictivos pueden generar tensión y mal estar si no existe un equilibrio que permita capturar la atención, generar una sensación de bienestar, revalorar la naturaleza urbana, y tener un juicio estético positivo. Otro ejemplo es lo reportado por Mertens et al. (2019), donde el entendimiento de las características espaciales y ambientales gracias a una percepción de la calidad física del lugar como resultado del mantenimiento constante, eran el incentivo para tener contacto con la naturaleza y realizar actividades al aire libre.
Un ejemplo más es que la mezcla de estos elementos median las intenciones de conducta, modificando la visión global para dejar de ser vistos como espacios inertes o residuos urbanos, resignificando así su existencia como parte de la traza urbana y convertirse en espacios relevantes para los ciclos ecológicos y socioambientales de la zona, así como la mitigación de emergencias climáticas urbanas; situación que no debe pasarse por alto al analizar el papel de la naturaleza urbana próxima (Villalpando-Flores y Bustos-Aguayo, 2024c).
Por otro lado, Moser (2012) argumenta que es necesario posicionar estos entornos como refugios psicológicos dado que es imposible controlar toda la estimulación urbana, situación que obliga a reconsiderar el papel de muchos lugares que pareciera carecen de función. De ahí que la planificación urbano territorial, así como el diseño de asentamientos públicos debe optar por incluir en sus propuestas y planes ejecutivos tanto la inclusión de elementos naturales, como aquellas condiciones urbanas preexistentes que pueden potenciar los objetivos socioambientales de lugar (Dillon, 2005), y claro, la inclusión de las perspectivas, afinidades y expectativas de los usuarios potenciales; tal y como lo propone el diseño universal (Kimani y Asilsoy, 2020), diseño participativo (Arango Cuartas y López Valencia, 2021), y diseño biofílico (Velarde Espinoza y Llanos Chuquipoma, 2024). Esta situación plantea un desafío para el diseño de ciudades y espacios urbanos que busquen la integración del tercer paisaje preservando siempre su carácter restaurador sin comprometer las condiciones físicas y sociales del contexto. Por tanto, y considerando la importancia de su valor teórico dentro de los estudios del paisaje tanto natural como urbano, llevarlo a la práctica requiere tener conocimiento de las condiciones del contexto urbano, los elementos ambientales, los planes sociales comunitarios, y las respuestas subjetivas de los usuarios.
Conclusiones
A lo largo de estas ideas se ha podido constatar que el concepto del tercer paisaje va más allá de una definición ecológica, optando por ser un recurso en el análisis de las interacciones que se construyen entre el ser humano y los espacios que utilizan, logrando así que las visiones modernas del diseño urbano-paisajístico puedan y deban integrar a la naturaleza como un elemento orgánico y espontáneo para optimizar los recursos psicológicos y sociales de los urbanitas. La riqueza visual como resultado de esta configuración rompe con la monotonía de las ciudades, apelando a la atención y curiosidad sobre las formas de los entornos próximos, lo cual es trascendente dado los niveles de alienación social y patologías urbanas presentes en nuestros días. Eso sin considerar los problemas ambientales ocasionados por el cambio climático, hacinamiento y contaminación multifactorial.
Es entonces que esta capacidad física de resguardo y cuidado mental posiciona estos lugares y muchos otros con naturaleza urbana como contrapeso ante la fatiga crónica, el estrés urbano-ambiental, y condiciones anímicas que perjudican la percepción de calidad de vida, identidad urbana, conectividad ambiental, y conductas sostenibles; todas ellas elementos clave para una dimensión sostenible de las ciudades. De esta manera estos espacios que pudieran entenderse dentro del espectro de lo marginal presentan oportunidades para reimaginar y reconfigurar las relaciones con el entorno próximo y con terceros.
La información presentada a lo largo de este trabajo revela que el tercer paisaje ancla las necesidades psicológicas con las condiciones físicas a partir de cómo se perciben y conceptualizan. Esto no es nuevo y pasa con todo elemento urbano-arquitectónico-paisajístico. Lo relevante en el caso que nos ocupa es la importancia de modificar la forma en como conceptualizamos aquellas zonificaciones que pareciera no tiene lugar, sentido y uso. De tal suerte que aprender a leer y vivenciar la ciudad y sus componentes de forma más cercana a las realidades, y necesidades contemporáneas, revela que el tercer paisaje es un elemento clave para aspirar a diseños más humanos y sostenibles, donde la funcionalidad puede coexistir con la estética y espontaneidad.
En conclusión, el tercer paisaje tiene la capacidad de redefinir el valor de aquello considerado como no planificado mediante un equilibrio socioambiental y psicofisiológico entre la libertad de la naturaleza, las propuestas de diseño, y las demandas de la vida moderna, logrando así destacar gracias a una relevancia espacial que permite ver y entender estos lugares como espacios que enriquecen al usuario y a la ciudad misma.
Prospectivas
El estudio del tercer paisaje abre múltiples caminos para futuras exploraciones en la relación entre el diseño urbano-paisajístico y la psicología ambiental, tanto en su investigación como en la búsqueda de métodos para su integración en las ciudades y en el tejido social en distintos cohortes, para saber cómo impactan estos lugares en las necesidades individuales y colectivas a nivel biopsicosocial. Además, también se pueden explorar las formas de diseño de políticas públicas urbanas más inclusivas que consideren la diversidad social, un mantenimiento e infraestructura acorde a las condiciones espaciales y ambientales.
Un último punto por destacar es que la investigación sobre estos temas invita a reflexionar sobre el estado de la resiliencia urbana ante las emergencias climáticas locales y globales, y cómo los elementos socioculturales permean en la concepción de la ciudad como un ente metabólico vivo, gracias a sus componentes, zonificaciones, e infraestructura. Siendo esto último el ancla hacia los avances tecnológicos y su utilización tanto en la academia como en la praxis con un enfoque transdisciplinario y de vanguardia. En la tabla 4 se presentan diez propuestas segmentadas en tres ejes rectores que abarcan la investigación, la práctica y la educación.
| Enfoque | Propuesta | Trascendencia |
| 1. Investigativo | ||
| 1.1 Integración equilibrada de seguridad y espontaneidad: | Explorar estrategias de diseño que preserven la espontaneidad del lugar con vegetación silvestre, mientras se mitiga la percepción de inseguridad con intervenciones mínimas, como senderos definidos, iluminación natural o señalización discreta. Esto optimizará la experiencia urbana sin comprometer su carácter restaurador y ecológico del lugar. | Generar conocimiento nuevo mediante investigación básica y aplicada, modelos estadísticos, experimentación, tecnología y análisis comparativo, ampliando las bases teórico metodológicas y empírica del tercer paisaje. |
| 1.2 Evaluación de impactos fisiológicos en tiempo real: | Utilizar tecnologías como sensores de cortisol, monitores de frecuencia cardíaca o seguimiento ocular para medir los efectos físicos de las propiedades restauradoras en usuarios. Estos datos pueden guiar propuestas de diseño que optimicen la reducción del estrés y la relajación, elevando la evidencia empírica en la planificación urbana. | |
| 1.3 Comparación transcultural de percepción: | Ampliar la investigación a contextos globales para comparar cómo las percepciones culturales influyen en la valoración del tercer paisaje. Esto permitiría diseñar espacios que respeten identidades y condiciones ambientales locales, potenciando su aceptación y uso. | |
| 1.4 Simulaciones virtuales para prototipos de diseño: | Implementar entornos virtuales que simulen variantes del tercer paisaje para testar respuestas psicofisiológicas y preferencias ambientales de usuarios antes de su construcción. Esto puede perfeccionar diseños que equilibren estética y restauración, reduciendo costos y riesgos urbanos. | |
| 2. Práctico | ||
| 2.1 Diseño adaptado a diversidad de usuarios: | Investigar cómo las propiedades colativas y restauradoras del tercer paisaje afectan a grupos demográficos específicos. Esto permitirá desarrollar diseños inclusivos con mayor compatibilidad física y psicológica. | Apuntar a mejoras en los procesos de diseño urbano paisajístico, ofreciendo soluciones concretas en conjunto con los usuarios potenciales para ciudades diversas, sanas y sostenibles. |
| 2.2 Corredores ecológicos y psicológicos urbanos: | Desarrollar redes e infraestructura de terceros paisajes que conecten espacios urbanos promoviendo la biodiversidad y el bienestar mental. Esto implicaría mapear áreas marginales en ciudades y diseñarlas como sistemas interconectados que fortalezcan la resiliencia ecológica y perceptual. | |
| 2.3 Fomento de participación comunitaria en el diseño: | Diseñar procesos participativos donde las comunidades cocreen terceros paisajes mediante elementos que son compatibles con sus necesidades, aspiraciones, y valores. Esto fortalecería la cohesión social, conectividad ambiental y el sentido de pertenencia. | |
| 2.4 Respuesta al cambio climático: | Investigar cómo el tercer paisaje puede adaptarse a condiciones extremas para mantener sus funciones restauradoras y ecológicas, mediante la selección de especies resilientes o la creación de microclimas. Esto relacionara el diseño con la sostenibilidad urbana y psicológica. | |
| 2.5 Hibridación con infraestructura verde: | Explorar la fusión del tercer paisaje con elementos de infraestructura verde para crear sistemas urbanos que combinen espontaneidad y funcionalidad. Esto ampliaría su alcance en áreas densas, ofreciendo soluciones paisajísticas que integren estética, restauración y servicios ecosistémicos. | |
| 3. Educativo | ||
| 3.1 Educación y concienciación socioambiental: | Desarrollar programas educativos multinivel que utilicen el tercer paisaje como aula viva para enseñar sobre biodiversidad, resiliencia, sostenibilidad, y bienestar biopsicosocial, fomentando su valor ecológico, estético, y emocional entre ciudadanos y diseñadores. Esto podría transformar la percepción de estos espacios de “descuidado” a “esencial”, influyendo en políticas urbanas. | Enfatiza la educación socioambiental y la participación ciudadana, para integrar la resiliencia urbana y ecológica con los objetivos de desarrollo sostenible. |
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