Artículos de investigación
Irse y no partir. Contacto, movilidad y viajes en jóvenes migrantes interescalares chilenos (2018-2022)
Leaving but not leaving. Contact, mobility and return trips in young Chilean inter-scale internal migrants (2018-2022)
Irse y no partir. Contacto, movilidad y viajes en jóvenes migrantes interescalares chilenos (2018-2022)
Quivera. Revista de Estudios Territoriales, vol. 27, núm. 1, pp. 136-156, 2025
Universidad Autónoma del Estado de México
Recepción: 18 Junio 2024
Aprobación: 14 Octubre 2024
Publicación: 01 Enero 2025
Resumen: La investigación tradicional sobre migración interna suele omitir el estudio de los viajes que se desarrollan en ambas direcciones, entre el lugar de origen y el lugar de destino, una vez que las personas han emigrado. Estos caminos tienen una relevancia singular para migrantes interescalares, incluyendo en esta definición a personas que han cambiado de residencia entre asentamientos de diferente tamaño y jerarquía. Siguiendo una metodología cualitativa que considera la elaboración de historias de vida, el presente artículo analiza las trayectorias de jóvenes que emigraron dentro de Chile, entre 2018 y 2022, partiendo de municipios cuya ciudad cabecera tiene menos de 20 mil habitantes hacia grandes ciudades y áreas metropolitanas. Como resultado, se observa que, pese a las restricciones sanitarias establecidas por la pandemia del Covid-19, los viajes de retorno y estadías temporales en el lugar de origen contribuyeron al desarrollo de una capacidad de agencia multiterritorial en los individuos; mostrando que puede ser aprovechada para sostener los medios de vida y el bienestar de habitantes de zonas rurales y pequeñas localidades.
Palabras clave: migración interna, movilidad, migrantes interescalares, urbanización, Chile.
Abstract: Traditional research on internal migration often omits the significance of return trips between places of origin and destination of internal migrants. These journeys are especially relevant for those who have changed residence between human settlements of different sizes, characterized here as inter-scale internal migrants. Following a qualitative methodology based on life stories, this article analyzes the trajectories of young people who migrated within Chile from municipalities whose main city has less than 20 thousand inhabitants to large cities and metropolitan areas in 2018-2022. As the main result, it is observed that despite restrictions established during the Covid-19 pandemic-, return trips and temporary stays in the place of origin of inter-scale internal migrants were key experiences to developing and enhancing multi-territorial agencies on individuals, sustaining livelihoods and well-being of inhabitants of rural areas and small towns.
Keywords: internal migration, mobility, inter-scale internal migrants, urbanization, Chile.
Introducción
Los estudios sobre migración interna han vuelto a cobrar atractivo como objeto de atención académica y política. El fenómeno reciente de la pandemia del Covid-19 (González-Leonardo et al., 2022a; Gónzalez-Leonardo et al., 2022b; Borsellino et al., 2022), junto con el surgimiento de nuevos patrones de urbanización y concentración espacial de la población (Rodríguez Vignoli, 2017), en estrecho vínculo con el desarrollo de actividades extractivas (Stefoni Espinoza et al., 2021; Bayón Jiménez et al., 2021; Ramírez Carrillo, 2015), así como el alto dinamismo que continúan mostrando los flujos rural-urbanos en algunas regiones del planeta, especialmente en Asia (Bhaghat y Keshri, 2020; Selod y Silphi, 2021), entre otros, son factores que han contribuido a renovar el interés y reposicionar la investigación sobre migración interna.
En el caso de Chile, los flujos migratorios internos siguen teniendo una magnitud relevante. Según muestra el estudio oficial realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE, 2020), con los últimos datos censales disponibles a la fecha, entre los años 2012 y 2017, un total de 2 421 668 de personas cambiaron de municipio o región de residencia, cifra que representa al 16% de la población de cinco y más años censada en el país. Empleando los mismos datos, Rodríguez Vignoli (2019) observaba que se presentan variaciones en la composición de la migración interna según el tamaño de los aglomerados de origen y destino, revirtiéndose el estatus tradicionalmente expulsor que habían tenido pequeñas ciudades y zonas rurales, las que pasarían a recibir nuevos habitantes procedentes de ciudades intermedias y mayores.
Pese a ello, los flujos migratorios orientados desde zonas rurales y municipios con localidades urbanas de menos de 20 mil habitantes hacia grandes ciudades y áreas metropolitanas movilizaron a un promedio anual de más de 38 mil personas en el periodo de 2012 a 2017 (Rodríguez Vignoli, 2019), principalmente, jóvenes que buscan acceder a mejores oportunidades educativas y laborales.
Además, la continuidad de estos flujos se asocia con la persistencia de un patrón de altas tasas de pobreza y envejecimiento en asentamientos humanos de menor tamaño. Municipios cuyo centro poblado mayor tiene menos de 20 mil habitantes o más de la mitad de su comunidad habita en zonas rurales, para el 2017 concentraban el 24 % de la población que se encuentra en situación de pobreza por ingresos, y el 18 % en situación de pobreza multidimensional, pese a que en estos residía el 12% de los habitantes del país. Por otro lado, la tasa de pobreza en estos territorios llegó a ser entre dos y tres veces mayor a la observada en ciudades de escala metropolitana (Ministerio de Desarrollo Social, 2017). En cuanto al envejecimiento, si se observan las proyecciones demográficas vigentes, se espera que, en municipios asociados a asentamientos humanos de menor tamaño, el índice de envejecimiento llegue a triplicarse en un lapso de 20 años, alcanzando una relación de 122 mayores de 65 años por cada persona menor de 15 años, para el año 2030.
Sin perjuicio de lo anterior, quienes emigran no cortan vínculos y mantienen contacto permanente con familiares adultos en sus territorios de origen. Así, los cambios de residencia pueden concebirse como un movimiento que activa flujos derivados e interdependientes. El movimiento principal al cambiar de residencia desde un sector rural o una ciudad pequeña a una capital regional o área metropolitana puede producir movimientos entre el lugar de origen y el lugar de destino de la migración, protagonizados por los migrantes, sus familiares o por otras personas de su entorno cercano.
Dichos movimientos secundarios o subordinados al proceso migratorio, se materializan en la forma de viajes de ida y vuelta —rutinarios, estacionales o esporádicos— realizados tanto por el migrante entre el punto de destino y el punto de origen. Estos recorridos adquieren una mayor relevancia cuando la movilidad se realiza entre lugares apartados o que evidencian brechas notables desde un punto de vista socioeconómico, medioambiental o cultural. Al generar comunicación entre realidades heterogéneas y contrastantes, los viajes derivados de la migración interna desarrollan el potencial de producir una capacidad de agencia multi o trans territorial (Haesbaert, 2011a; 2011b) asociada a sujetos que, a través de su vida, han tenido la experiencia de residir, adaptarse y vincular sus distintas realidades.
Sin embargo, los viajes generados entre los lugares de origen y destino reciben una atención relativamente marginal en la agenda de investigación sobre migraciones. Si bien, el envío de remesas, la comunicación o la conectividad a distancia son tópicos comunes en gran parte de la producción académica enfocada a esta temática —con especial desarrollo en el caso de la migración internacional—, no suele profundizar en los encadenamientos existentes entre flujos migratorios, viajes de ida y retorno realizados entre el lugar de origen y de destino de la migración, así como de las diferentes modalidades de contacto, comunicación y generación de vínculos entre experiencias territoriales diversas (King, 2018).
A fin de abordar esta carencia, el presente artículo expone los resultados de una investigación cualitativa basada en la técnica de las historias de vida. Empleando como referencia los movimientos migratorios realizados en el periodo de 2018 a 2022, la investigación se focaliza en experiencias de migrantes internos chilenos a los que se denomina migrantes interescalares. Particularmente, se estudia a jóvenes que cambiaron de residencia en un sentido ascendente respecto del sistema jerárquico de asentamientos humanos del país, desplazándose desde un sector rural o una ciudad de menos de 20 mil habitantes a una ciudad capital regional o área metropolitana de más de 250 mil habitantes.
Por otra parte, el horizonte temporal en el que se desarrolló este estudio presenta características singulares, en la medida que tanto los desplazamientos de población joven hacia grandes ciudades, como los medios de vida de la población adulta que reside en pequeñas localidades y zonas rurales, se vieron afectados por la pandemia del Covid-19. En este contexto se postula la hipótesis de que los viajes de retorno de migrantes interescalares jóvenes cumplieron un papel fundamental para sostener el bienestar de la población residente en asentamientos humanos de menor escala, sobre todo, garantizando el acompañamiento y apoyo a personas mayores que fueron el principal grupo de riesgo del virus.
El presente artículo se estructura en torno a seis secciones, incluyendo esta introducción. En la segunda parte, se establecen los conceptos de movilidad, vínculos territoriales y multiterritorialidad, que están a la base del enfoque propuesto. En la tercera sección, en tanto, se presenta la metodología del estudio. A continuación, en el cuarto apartado, se desarrollan los principales resultados que surgen del análisis de historias de vida de jóvenes emigrantes interescalares. En la quinta sección, se plantea una propuesta de síntesis teórica, incluyendo un esbozo de clasificación de diferentes prácticas móviles y de contacto, que resultan relevantes de observar en estrecha asociación al estudio de flujos migratorios producidos entre diferentes clases de asentamientos humanos. Finalmente, se exponen conclusiones y desafíos significativos para proyectar los aportes de esta visión a la generación de conocimientos sobre migración interna en Chile y América Latina.
Migración interescalar y mutiterritorialidad
Pese a no enunciarse de modo explícito, los conceptos de escala e interescalaridad son tópicos recurrentes en la literatura latinoamericana sobre migración interna. Rodríguez Vignoli (2019), por ejemplo, traza un análisis histórico de los procesos de migración interna en Chile, evaluando los intercambios de población entre diferentes categorías de ciudades, agrupadas en función de su tamaño demográfico. En el contexto de su investigación, el concepto escala es empleado con dos significados distintos. En primer lugar, asociado a la jerarquía de componentes del sistema de asentamientos humanos del país —donde ciudades de escala mayor, intermedia y menor se asocian a agrupaciones de comunas que conforman unidades con diferente nivel de urbanización, según la cantidad de población residente en ellas—. En segundo lugar, relacionado con la unidad de observación que permite capturar los movimientos migratorios a partir de las subdivisiones político-administrativas que contempla el levantamiento del censo de población y vivienda en Chile —donde la escala mayor se condice con las regiones; la escala menor, con las comunas—.
Cuervo et al. (2018), en su estudio del caso colombiano, alternan ambos usos del concepto de escala, apuntando a la necesidad de introducir una mirada o aproximación multiescalar, que permita abordar simultáneamente la composición y resultados de procesos de migración interna que ocurren en cuatro niveles diferentes: regional, departamental, provincial y comunal. En este sentido, plantean que el foco exclusivo, en un nivel agregado de análisis, no solo encubre la consideración de movimientos intensos que pueden estar ocurriendo en niveles inferiores, sino también impide ver las conexiones existentes con procesos de expulsión o atracción de población que involucran a territorios emplazados en proximidad de fronteras internas e internacionales. Del mismo modo, aludiendo también a un concepto de escala relacionado con el tamaño demográfico de las ciudades, advierten una suerte de inercia migratoria, que se traduce en movimientos que, independientemente del tipo de unidades territoriales entre las que se produzca el desplazamiento de personas, tradicionalmente siguen un comportamiento escalonado, es decir, orientados desde zonas rurales hacia ciudades pequeñas e intermedias con mayor dinamismo económico, desde estas últimas, hacia grandes aglomeraciones urbanas y áreas metropolitanas.
Sobrino (2014) usa el concepto de movilidad espacial ascendente y descendente para distinguir corrientes migratorias desplegadas en uno u otro sentido de la jerarquía de asentamientos humanos, y también, al referirse al tamaño demográfico de los aglomerados urbanos y agrupaciones de unidades censales. Junto a ambos procesos de movilidad espacial, se identifican movimientos de población donde la escala de los asentamientos se mantiene constante, es decir, se realizan entre unidades distintas pertenecientes a la misma categoría jerárquica. En sus resultados, encuentra una asociación positiva entre la migración de carácter ascendente con diferenciales en indicadores económicos en los territorios, siendo altamente probable que esta se efectúe preferentemente hacia municipios con mayor PIB per cápita, con mejor calidad de vida o con presencia de actividades manufactureras e industriales. Inversamente, la probabilidad de realizar flujos migratorios ascendentes disminuye según la edad y nivel de escolaridad de las personas, lo que se condeciría con expectativas de movilidad social correspondientes con el cambio desde un municipio de menor a uno de mayor escala o entidad en el sistema de asentamientos humanos. Además, Sobrino (2014) advierte que, teniendo en cuenta el diferencial de oportunidades, las personas que realizan movimientos migratorios ascendentes tienden a privilegiar el traslado hacia municipios físicamente más próximos al lugar de origen en los que pudieran percibir estas brechas económicas que resultarían correlativas al tamaño de la ciudad.
No obstante, es importante recalcar que la decisión de residir en un lugar determinado no inhibe la posibilidad de conservar vínculos significativos con lugares en los que se ha residido con anterioridad, incluso, de desarrollar relaciones intensas con otros lugares que también son habitados, más allá de aquellos en los que expresamente se reside.
Por tanto, bajo la premisa de comprender el habitar como experiencia móvil, los movimientos realizados con objeto de cambiar de residencia, no interrumpirían de manera forzosa la relación entre los sujetos y los lugares en que han permanecido por un tiempo prolongado de su vida; antes bien, contribuirían a recomponer una potencial relación donde la residencia resulta una más de las prácticas que conforman la experiencia del habitar, incluso, activarían un flujo recurrente de movimientos entre el lugar de origen y el lugar de destino de los migrantes, además de otras locaciones con las que guarden algún tipo de vínculo significativo.
Desde esta perspectiva, se plantea la necesidad de tender puentes entre el análisis de la migración interna y los diversos enfoques y líneas de investigación impulsadas desde el paradigma o giro de la movilidad (Urry, 2007). De acuerdo con Sheller (2017), el paradigma de la(s) movilidad(es) —con sus múltiples ramificaciones y vertientes— supone un desafío concreto a la idea de espacio como contenedor de los procesos sociales, poniendo de relieve cómo el movimiento es productor de nuevas corporalidades, espacialidades y subjetividades, jugando un papel clave en el funcionamiento de las instituciones sociales.
Apuntando a su aplicación específica al estudio de las migraciones, Findlay et al. (2015) plantean que la movilidad implica una forma de relación a través de la cual el mundo es experimentado y entendido. Sus principales consecuencias sobre el estudio de las migraciones supondrían, entonces, dejar de entender el fenómeno migratorio en términos de eventos singulares, situados en un momento determinado del tiempo y causados por decisiones de individuos aislados, uniformes y racionales. Desde esta perspectiva, las migraciones —junto a otras múltiples movilidades— pasan a ser definidas por su relacionalidad, que envuelve y vincula las vidas de diferentes personas, que se experimenta en el tiempo y en el espacio, a través del curso de la vida (Findlay et al., 2015; Huijsmans, 2015). Así mismo, el foco de la investigación sobre las migraciones se vuelve longitudinal, siendo más relevantes las vivencias y transiciones que enfrentan los sujetos en el proceso de cambiar de residencia —desplazamiento espacial, a la vez que momento de quiebre biográfico— que las brechas identificadas al comparar la situación de los individuos en el punto de origen y en el punto de destino de la migración observados como dos cortes transversales.
Esta mirada es convergente con aproximaciones que, desde la geografía humana y los estudios territoriales, han cuestionado lecturas del espacio que asocian identidades y prácticas espaciales con definiciones fijas e independientes. Rogerio Haesbaert (2011a; 2011b), en esta línea, introduce la noción de multiterritorialidad como una plataforma experiencial y sensible, que canaliza las prácticas espaciales de los actores, que se nutre de la existencia y disociación entre territorialidades de carácter zonal —continuas-contiguas— y reticular —discontinuas-separadas—. Tal como señala este autor, el concepto de multiterritorialidad supone una reterritorialización compleja, rizomática y no jerárquica, que es experimentada y reconstruida, ya sea en forma singular por parte del individuo por parte de grupos sociales o instituciones (Haesbaert, 2011a, p. 284).
De esta forma, la territorialidad puede reformularse sobre otras bases, emergiendo la posibilidad efectiva de que los sujetos puedan vivir, experimentar e intervenir sobre múltiples territorios tanto de manera sucesiva —desplazándose físicamente de un lugar a otro a través del tiempo— como simultánea —viviendo en tiempo real, conjugando u operando virtualmente varios territorios a la vez, o haciéndose presente de modo instantáneo en ellos—.
Estos actores multiterritoriales dispondrían de recursos especiales, vinculados a la capacidad de actuar en diferentes territorios a distancia —yendo y viniendo; operando de modo virtual o efectivo—. En opinión de Haesbaert, la multiterritorialidad otorgaría un poder especial, supuesto en la “posibilidad de acceder a diversos territorios o conectarse con ellos, lo que se puede lograr tanto a través de una movilidad concreta, en el sentido de desplazamiento físico, como de modo virtual, en términos de accionar diferentes territorialidades” (Haesbaert, 2011a, p. 284)
La evaluación del bienestar, entonces, debe considerar el carácter multiterritorial que tienen, entre otros, sujetos que tanto en su vida cotidiana como a lo largo de su trayectoria vital transitan y vinculan territorios heterogéneos. Los seres humanos entretejen relaciones múltiples y complejas con diferentes territorialidades, involucrando paisajes, personas, comunidades e instituciones (Ther, 2012; Alonso et al., 2006). De las relaciones creadas con y entre territorios específicos emergen significados, actitudes, percepciones y valoraciones, pero también, se definen limitantes y barreras. En el caso de los migrantes interescalares, aquellas condiciones del territorio que suponen oportunidades en su lugar actual de residencia se articulan de manera compleja con barreras percibidas en el lugar del que proceden y viceversa.
Entre otros aspectos, cabe considerar barreras de acceso —determinadas por la distancia, los tiempos de traslado, la accesibilidad a bienes y servicios, la disponibilidad de sistemas de transporte—; sociales y culturales —construidas por el aislamiento, la segregación y la estigmatización de ciertos grupos e individuos en el territorio—; riesgos para la salud física y mental —derivados de la exposición a fuentes contaminantes, escasez hídrica, insuficiencia de áreas verdes y forestación, así como del efecto de otras externalidades medioambientales—; limitantes para el desarrollo de actividades relevantes para la recreación, el esparcimiento, la vida social y cultural de las comunidades locales —asociadas a la carencia, mal estado o inadecuación de espacios públicos—; entre otras.
Adaptando esta reflexión al estudio del bienestar, desde una perspectiva no utilitarista, se plantea que las condiciones singulares que revisten los territorios habitados y vinculados por la emigración podrían constituirse en factores que facilitan o dificultan el desarrollo de las capacidades requeridas para garantizar la continuidad y sostenibilidad en el tiempo de determinadas realizaciones de logros individuales. De acuerdo con Gough y McGregor (2007), el bienestar puede ser definido como un “estado de ser con otros”, que emerge cuando las necesidades humanas son satisfechas, donde los individuos pueden actuar de manera autónoma para alcanzar sus propias metas, a la vez que consiguen disfrutar de una calidad de vida satisfactoria.
Dicha definición presupone la observación del bienestar de acuerdo a tres dimensiones interrelaccionadas: a) material u objetiva, que pone de relieve el aseguramiento del acceso a recursos y de un conjunto de condiciones materiales que hagan posible la subsistencia de las personas; b) subjetiva, que se asocia al sentido o significado que las personas asignan a su vida y a la evaluación que hacen de ella; c) relacional, que hace referencia al conjunto de relaciones que la persona tiene con otros en el contexto de una sociedad.
El análisis de estas dimensiones, por otra parte, debe tener en cuenta un escenario en el cual los países latinoamericanos asisten a un proceso marcado, simultáneamente, por una reprimarización de sus economías, donde las actividades de extracción y exportación de materias primas se han vuelto a instalar como eje principal de acumulación de capital. Por otra, una creciente dependencia de las rentas generadas por la extracción de materias primas en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población humana, indicado por Burchardt y Dietz (2014).
En este contexto, aun cuando el bienestar de las poblaciones y de sus principales indicadores socioeconómicos pudiese incrementar en el marco de ciclos en los que la demanda y la cotización de los commodities se eleva, y sus excedentes permiten una redistribución al menos parcial de la renta, dichas mejorías se materializan a expensas del deterioro de la riqueza y diversidad biológica de sus territorios.
Metodología
La investigación se basó en la construcción de historias de vida de personas que experimentaron procesos de migración interna desde una comuna, cuya ciudad cabecera principal tuviera menos de 20 mil habitantes, a una capital regional o área metropolitana, de 250 mil o más habitantes, en Chile. Con base en un estudio previo (Moreno Crossley, 2024) que utilizó datos de registros administrativos de establecimientos de atención primaria en salud de todo el país en el que se cuantificaron y tipificaron flujos de migrantes interescalares jóvenes, se identificaron agrupaciones de pares territoriales —conformados por una misma provincia de origen y una única ciudad de destino— que presentaban características comunes desde el punto de vista de indicadores de acceso a bienestar material.
Finalmente, utilizando estas agrupaciones, se seleccionó una muestra de seis sujetos para la elaboración de historias de vida. Según se expone en la tabla 1, entre otras características representadas, se estableció el requisito de asegurar equilibrio entre participantes mujeres y hombres, además de recoger trayectorias diversas en términos de sus comunas de origen y recorrido continuo.
| Tipo de movilidad | Provincia de origen | Categoría territorio de origen | Ciudad de destino | Categoría territorio de destino | Persona joven / adulta-joven | |
| Género | Actividad | |||||
| Inter-regional | Colchagua | Rural predominante | Gran Santiago / Gran Valparaíso | Área metropolitana con 750 mil o más habitantes | Femenino | Trabajo remunerado / estudiante |
| Intra-regional | Limarí | Ciudad con menos de 20 mil habitantes | La Serena-Coquimbo | Ciudad de 250 a 750 mil habitantes | Femenino | Estudiante |
| Inter-regional | Chiloé | Ciudad con menos de 20 mil habitantes | Gran Santiago | Ciudad de 250 a 750 mil habitantes | Masculino | Trabajo remunerado |
| Intra-regional | Colchagua | Rural predominante | Rancagua | Ciudad de 250 a 750 mil habitantes | Femenino | Trabajo remunerado / estudiante |
| Inter-regional | San Felipe | Ciudad con menos de 20 mil habitantes | Gran Santiago | Área metropolitana con 750 mil o más habitantes. | Masculino | Estudiante |
| Intra-regional | Chacabuco | Rural predominante | Gran Santiago | Área metropolitana con 750 mil o más habitantes. | Femenino | Trabajo remunerado |
Respecto de la selección de la muestra, cabe aclarar que no se controló el tiempo transcurrido desde la primera vez que las personas migraron a una ciudad capital regional o área metropolitana. En lugar, las seis historias construidas representan casos de personas de entre 18 y 29 años; considerando una estrategia de máxima variabilidad, se incluyen sujetos recién emigrados y que están estudiando en la educación superior, junto a personas que emigraron hace cinco o más años, que completaron la educación superior o están insertas en el mercado laboral.
La técnica de las historias de vida busca reconstruir la trayectoria vital de individuos desde la propia perspectiva y experiencia de los sujetos, con base en sesiones repetidas de entrevistas en profundidad que permitan decantar un relato coherente y estructurado (González Monteagudo, 1996). Además de favorecer la construcción de una historia experimentada por los sujetos —tal como ellos la vivieron y sintieron— y profundizar en los antagonismos y obstáculos enfrentados, a través de la biografía, las historias de vida permiten identificar “áreas problemáticas” que refieren a las instituciones de socialización primaria —familia y escuela—, la vida sexual, el trabajo, la emancipación y la construcción de relaciones de pareja y familiares, entre otras (Ferrarotti, 2007).
El relato biográfico producido mediante esta aproximación se caracteriza, entonces, por tomar un punto de vista situado y singular, que no aspira a la generalización, sino a la comprensión de un sentido y de una experiencia subjetiva por la que se filtran sujeciones y determinaciones estructurales. En esta línea, las historias de vida aportan una “descripción densa” de las relaciones, de los lugares y de los principales hitos en la historia de las personas (Ferrarotti, 2007; Moriña, 2016). Además, permite ahondar en las circunstancias que motivaron a las personas a emigrar, así como en las iteraciones, viajes y contactos que mantienen o actualizan en ambos sentidos a lo largo del tiempo.
El proceso de recolección de información para la generación de las historias de vida se basó en entrevistas en profundidad, de carácter semi-estructuradas y semi-directivas. Conforme a este proceso, el entrevistador busca facilitar una conversación íntima y personal con participantes, en la que se espera genere confianza y empatía, para que el entrevistado logre expresarse de la manera más libre que sea posible, así mismo, recoger información abundante, rica en detalle y verosímil con respecto a las diferentes vivencias, relaciones y significados que conforman su experiencia subjetiva (Sierra Caballero, 2019).
Las entrevistas a las seis personas consideradas en el diseño de la muestra se efectuaron entre los meses de octubre y diciembre de 2023. Atendiendo a la disponibilidad y restricciones de tiempo manifestadas por algunas de las personas contactadas —además de ponderar facilidades de uso y acceso a tecnologías de información—, se optó por alternar entrevistas en modalidad online y presencial. Para la realización de las primeras, se empleó la plataforma Zoom. Las segundas, se efectuaron en salones institucionales y recintos reservados especialmente para este fin.
Todos los registros que se utilizaron posteriormente para fines de análisis y elaboración de las historias de vida fueron obtenidos bajo consentimiento de las y los participantes, informando a éstos con respecto del eventual uso y tratamiento a dar a la información en el marco de la investigación. Los registros de audio fueron transcritos íntegramente y de modo literal, conservando expresiones coloquiales y propias del habla de cada una de las personas que participó de las entrevistas.
Siguiendo la práctica recomendada por Moriña (2016), para efectos de su uso en la construcción de historias de vida, los archivos de texto con las transcripciones fueron vaciados en una grilla, en la cual la información fue organizada en función de categorías semánticas y temporales.
De esta forma, inicialmente, la transcripción fue descompuesta en grandes bloques referentes a temas relatados con las personas —lugar de origen, familia, escuela, ciudad de destino, universidad, etcétera—, posteriormente, cada bloque fue subdividido en pequeños fragmentos en los que cada relato puede ser ubicado en una referencia temporal específica, recomponiendo y reordenando las partes de la entrevista en función de una línea de tiempo, donde cada hito se vincula a una periodicidad acotada.
Una vez dispuesta la grilla final de categorías temáticas, se abordó la tarea de elaborar las historias de vida consistentes en un texto narrativo escrito, en el que se exponen, de manera condensada, las principales circunstancias experimentadas por las personas entrevistadas a lo largo de su vida.
Pese a que algunos enfoques utilizados para la aplicación de esta técnica de investigación proponen el uso de la primera persona singular, e incluso existen alternativas en que son las propias personas entrevistadas quienes coelaboran los textos (Moriña, 2016), en este caso, es pertinente aclarar que los relatos fueron elaborados por el investigador y expuestos en tercera persona. Respecto de esta definición, se estimó como una opción menos invasiva, que permite una composición y selección más estandarizada de contenidos en función de los objetivos de investigación.
No obstante, a efectos de conservar las particularidades y subjetividad de las personas entrevistadas, el relato construido en tercera persona se intercala con citas extensas de carácter literal que fueron seleccionadas a partir de los fragmentos que se estimaron más significativos de cada conversación.
Por otra parte, con el propósito de proteger la privacidad y mantener el anonimato, las historias redactadas fueron depuradas de todos los datos personales (incluyendo el nombre propio), referencias específicas y menciones que surgieron —de manera espontánea o dirigida— con relación a personas, instituciones, empresas, asociaciones o servicios públicos. Así mismo, con el propósito de reducir el riesgo de reidentificación de las personas entrevistadas a partir de las características y hechos más relevantes de su biografía, se decidió eliminar la referencia al nombre del lugar, pueblo, localidad o ciudad de origen.
Posterior a la elaboración de las historias de vida, se abordó su análisis considerando la combinación de dos modalidades de aproximación. La primera se ciñe a las indicaciones planteadas por Ferrarotti (2007) en su propuesta metodológica para fundamentar el uso de las historias de vida como herramienta aplicada para la investigación en ciencias sociales. Para este autor, el principal objetivo que debe cumplirse en el análisis de los relatos apunta a la “vinculación de texto y contexto”; en otras palabras, la semblanza trazada desde la subjetividad de cada individuo debe ser relacionada luego con las características contextuales del cuadro histórico en tanto trasfondo fáctico y material. Tal contexto, además, es diseccionado en tres elementos estructurantes: a) la idea de un contexto histórico, que implica un fondo o relato generacional asociado al tiempo en que los sujetos actúan; b) la noción de un contexto en sentido evocativo y recreativo, entre otras referencias, envuelve a personas y lugares que enmarcan las acciones de los individuos; c) la comprensión de un contexto en términos de una cierta objetividad socioeconómica-estadística, incluyendo alusiones a instrumentos, categorizaciones y artefactos que, desde su externalidad, califican acciones y comportamientos de los agentes y respecto de los cuales éstos reaccionan.
En tanto, la segunda modalidad la constituye la observación del discurso propiamente, donde la mirada descriptiva provista por el análisis de materiales —identificación de sujetos y contenidos— y la mirada relacional trazada a partir del análisis reticular —relaciones significativas entre actores en el contexto de un determinado entorno situacional—, se ve enriquecida por una perspectiva que resalta el papel de los componentes connotativos —significado— y estratégicos —motivaciones e intereses— del discurso.
Resultados
Viajes y visitas durante la pandemia
El periodo analizado (2018-2022) tuvo como principal hito la pandemia del Covid-19. Junto a sus consecuencias sanitarias, este periodo estuvo marcado por restricciones a la movilidad, especialmente rígidas entre marzo y diciembre de 2020; la caída generalizada y posterior repunte en el empleo y los ingresos; finalmente, la adaptación de las rutinas cotidianas considerando un uso intensivo de tecnologías de información y comunicaciones como sustituto al traslado físico y la presencialidad en la realización de múltiples actividades.
En este contexto, los viajes realizados por migrantes interescalares a sus territorios de origen se vieron modificados tanto en su duración como en sus propósitos. Según se aprecia en las historias de vida, los viajes realizados para visitar a la familia dejaron de ser concebidos como eventos estacionales y acotados en su temporalidad, para convertirse en estadías prolongadas y de término incierto, en que migrantes interescalares participaron de manera intensiva en rutinas familiares, a la vez que desplegaron estrategias adaptativas para dar continuidad a actividades educativas y laborales.
La posibilidad de acompañar a la familia en un contexto de vulnerabilidad sanitaria y emocional no solo permitió entregar un apoyo contingente a quienes habitan en zonas rurales y pequeñas localidades, sino también fomentó la reafirmación del sentido de pertenencia territorial y comunitaria de migrantes interescalares mediante el ejercicio de diferentes tipos de roles. Por ejemplo, algunos jóvenes que retornaron a sus comunidades pudieron colaborar con trabajos domésticos o en labores agrícolas y pecuarias de subsistencia, redescubriendo y apreciando de un modo diferente las actividades que realizan sus padres, así como la importancia de estas, no solo para la economía familiar sino también para la comunidad. Otros, en tanto, se involucraron de forma activa en asociaciones locales o participaron de discusiones relacionadas con la atención de demandas sociales y sanitarias que se presentaban en aquel momento.
Del mismo modo, se observan casos de personas que evaluaron opciones para intensificar su vínculo con el lugar de origen, privilegiando ofertas laborales que les permitieran ejercer el teletrabajo. Conforme cesaron las restricciones a la movilidad y se retomó el ritmo de actividades, las trayectorias de migrantes interescalares tienden a diferenciarse. Mientras en algunos casos la búsqueda de desarrollo profesional y maximización de objetivos individuales domina las preferencias de localización residencial. Otras historias evidencian intentos por alcanzar un mayor equilibrio en términos de establecerse en un lugar que les permita estar más cerca de su familia y del territorio en el que se criaron.
Aunque se advierten grandes dificultades para conseguir un empleo atractivo, desde el punto de vista de su calificación y remuneración en las mismas comunas de las que provenían, algunas y algunos migrantes interescalares han explorado la alternativa de radicarse en ciudades intermedias o en capitales de la misma región de origen, aun cuando antes hubieran radicado en otra ciudad mayor por razones de estudio. Pese a que no en todos los casos se verifican resultados exitosos, los sujetos imaginan nuevas posibilidades y evalúan constantemente ajustes en sus prácticas cotidianas y proyectos que permita la reinserción del territorio de origen como una parte central de sus experiencias presentes, eventualmente, de su futuro personal.
Vida en tránsito
Tanto antes como después de la pandemia, las historias de vida de migrantes interescalares dan cuenta de una identidad que se autopercibe como móvil y que se construye en dos ejes temporales: el de las rutinas cotidianas y el del curso de vida. Continuamente, las y los migrantes interescalares viajan para visitar a sus familias y alternan periodos de estadía en el lugar de origen y destino de la migración, a la vez que ellos mismos van realizando un viaje a través del tiempo y de la vida, en el cual dejan el hogar materno-paterno para instalarse en otros lugares que les permitan acceder a una mejor educación o contar con mejores perspectivas para insertarse en el mercado laboral.
Estas dos dimensiones —cotidiana y vital— de la experiencia del viaje del emigrante interescalar involucran, así mismo, un componente dramático: se va y regresa, continuamente, para cumplir con propósitos personales, a la vez que se busca seguir comprometido y participando de experiencias importantes en la vida de sus familias; se parte y se deja atrás a la familia para conocer lugares y desenvolverse en experiencias que para sus padres les son enteramente ajenas. A medida que el tiempo transcurre, los jóvenes se van distanciando física y emocionalmente del contexto de origen, logrando metas que no solo reportan una satisfacción personal, sino que se convierten en motivo de orgullo familiar y otorgan una medida de valoración del éxito para los recursos invertidos a lo largo de una vida por personas que, probablemente, no tuvieron otras opciones y que permanecieron residiendo en territorios que hoy exhiben un notable abandono y deterioro social, económico y medioambiental, a los cuales se sienten indisociablemente vinculados.
El uso del tiempo y el cansancio físico representa un aspecto problemático. Quien viaja a visitar a sus padres todos los fines de semana sacrifica una parte de su tiempo que, eventualmente, podría destinar tanto a actividades de ocio y esparcimiento como a momentos de estudio, capacitación o tareas remuneradas.
Por ello, las horas que se pasan en el transporte suelen ser aprovechadas como un tiempo productivo, donde se lee, estudia, realizan tareas, planifican la vida y toman decisiones. Así mismo, aunque se muestren acostumbrados a tales rutinas y tengan la sensación de que toda la vida se hayan movido y viajado, los sentimientos de fatiga, tensión y agotamiento físico son también un tópico recurrente entre las y los emigrantes interescalares.
No obstante, los migrantes no ven únicamente los viajes físicos como un “costo”. Por el contrario, varios participantes de las historias de vida señalan que los recorridos terrestres —especialmente los realizados en autobuses— son un momento que les permite reconectarse y “volver a sentirse parte” del lugar del que proceden. En este sentido, las referencias del paisaje, los cerros, el valle, los hitos conocidos del camino son mencionados y aludidos como si se tratara de eventos que integran una “ceremonia preparatoria”, mediante la cual el sujeto desterrado o trasplantado a la metrópolis recupera nociones, significados y experiencias y vuelve a zambullirse en la realidad en la que se crio.
También, esta resincronización con los tiempos y los modos de habitar del lugar de origen tiene, para algunas y algunos de los participantes, una connotación vinculada a la idea del retroceso: al volver al lugar de origen, no solo se retorna al punto desde el cual se partió, sino también se regresa a un tiempo pasado, se vuelven a ejercer roles que, en la gran ciudad, son negados, como el de hija o hijo, de sujeto de cuidado y de afecto.
La “deuda generacional”
El reconocimiento de una deuda con la generación anterior es, tal vez, uno de los principales motivos al momento de establecer cierta racionalidad en las valoraciones que éstos tienen sobre el bienestar y de la importancia de mantener un vínculo con el territorio de origen. Padres y madres de migrantes interescalares aparecen en las historias de vida como una generación que se vio exigida a aumentar su carga de trabajo y ampliar su capacidad de obtener ingresos con el fin de viabilizar el acceso a la educación superior de hijas e hijos. En algunos casos, el compromiso económico asumido por los progenitores, no solo involucró el financiamiento de la educación, sino inversiones y gastos que permitieran asegurar el alojamiento y manutención de sus sucesores, en ciudades en las que los precios de mercado de la alimentación, el alquiler o el transporte son notablemente más elevados que en los territorios de los que proceden.
Desde la perspectiva de las y los emigrantes interescalares, se plantea el reconocimiento —implícito o explícito— de una deuda con sus padres y madres que tiene, por lo menos, dos componentes. El primero es de carácter directo o material, se expresa en la expectativa de llegar a retribuir algún día los gastos e inversiones en que estos últimos incurrieron durante su periodo de formación universitaria, que de una forma u otra significó un impacto negativo sobre los ahorros familiares. El segundo, en tanto, es indirecto, vinculado con aspectos simbólico-afectivos y con una dimensión histórica; dado por la brecha observada entre una generación que no dispuso de medios ni oportunidades para ejercer decisiones autónomas en la construcción de un proyecto de vida, y otra que contó no solamente con los recursos, sino también con el apoyo, cariño y compromiso activo de parte de sus padres en que pudieran alcanzar objetivos educativos y laborales que para ellos les fueron negados o que resultaban inconcebibles.
Dado este segundo componente, la deuda generacional no puede ser “pagada” ni reducida a un cálculo simple de gastos y retornos diferidos en el tiempo, en el que las transferencias que las y los emigrantes puedan producir en favor de sus familias a instancias de su inserción en empleos calificados compense los recursos que éstas les facilitaron durante su juventud. Una parte de esta deuda, de hecho, es impagable o irrecuperable, en el sentido que los esfuerzos y sacrificios realizados por la generación de soporte supusieron un desgaste físico y emocional que no se vio recompensado para ellos en la obtención de credenciales educativas, en ingresos o en una ocupación de prestigio equivalente a la que sus hijas e hijos llegarían a alcanzar.
En coherencia con esta apreciación, las historias de vida de emigrantes interescalares son ricas en imágenes acerca de las virtudes de humildad, sencillez, disciplina y austeridad de sus figuras maternas y paternas. Al respecto, es común observar expresiones de valoración y agradecimiento ante las enseñanzas y ejemplo entregado por estas últimas, el que habría estimulado el desarrollo de actitudes que luego les resultaron útiles a jóvenes emigrantes para enfrentar los múltiples obstáculos encontrados en su carrera educativa, en el proceso de insertarción en una gran ciudad y en la interacción con personas diversas tanto desde el punto de vista de su origen social como territorial. De esta forma, la laboriosidad y dedicación de sus padres se traslada sobre la generación de jóvenes nacidos en asentamientos humanos menores en una autopercepción que resalta la resiliencia, perseverancia y orgullo respecto a sus raíces, que son sentimientos que prevalecen y tienen continuidad en el tiempo.
Incertidumbres y futuros posibles
Proyectadas hacia el futuro, las historias de emigrantes interescalares entrelazan la preocupación por disponer de recursos que aseguren el bienestar físico, social y mental de padres y madres en sus años de vejez con la incertidumbre por el destino y las condiciones de vida que ofrecerán a futuro los territorios en los que se criaron. El eventual deterioro de las capacidades y autonomía de la generación adulta encuentra correlato en un escenario probable de destrucción del medio ambiente y de los modos de vida tradicionales que han conferido identidad y sustento a los habitantes de pequeñas localidades y sectores rurales.
Aunque enunciado a menudo de modo implícito, dicho escenario no solo es visualizado como una posibilidad real a largo plazo, sino también como continuidad natural de un proceso en curso, a la luz de un conjunto de amenazas que las y los jóvenes emigrantes reconocen activas en el presente de los asentamientos humanos menores.
Pese a su significado, a menudo difuso, una de las principales amenazas se relaciona con el cambio climático y la intensificación de eventos extremos de sequía y precipitaciones. En las experiencias relatadas sobre emigrantes que proceden de los valles del centro y de la zona del “norte chico”, la escasez hídrica constituye una realidad ineludible que supone restricciones y estrategias forzadas de adaptación, para la cual las respuestas institucionales ofrecidas para mejorar la administración de los acuíferos resultan claramente limitadas y agudizan la inadecuación de los sistemas preexistentes de distribución. Aunque también en las historias de emigrantes procedentes del centro-sur está presente la problemática del acceso al agua, sobre todo, se percibe una imagen de fragilidad e indefensión vinculada a eventos recientes de precipitación intensa, que han significado en recientes anegamientos, cortes de puentes y caminos con construcciones precarias y cuya inutilización los podría dejar completamente aislados.
Por otro lado, la idea de un futuro solitario para sus padres, donde estos terminen siendo los últimos sobrevivientes de una comunidad y con un modo de vida en vías de extinción, se levanta como motivo de angustia para jóvenes emigrantes interescalares. En las historias de vida se expone una conciencia sobre procesos cada vez más notorios de despoblamiento y envejecimiento, señalándose que no sólo son jóvenes como ellos quienes han tomado la decisión de partir, sino también que varios residentes con los que sus familiares tradicionalmente convivían han optado, del mismo modo, por vender sus propiedades y dejar de su comunidad. Respecto de los nuevos habitantes que llegaron durante y posterior a la pandemia, se los visualiza como elementos extraños, en el sentido que son distintos y no están presentes de manera permanente, o bien, no crean vínculos significativos con las poblaciones originarias.
Conclusión
La migración como cambio residencial no extingue la opción de interactuar con personas, lugares u objetos de la comunidad de origen, situación que se condice con la posibilidad efectiva, no contradictoria, de irse de un lugar sin por ello partir del mismo o abandonarlo.
Los resultados de este estudio destacan la necesidad de prestar mayor atención a la movilidad dentro de la migración, en términos de una práctica que reafirma el sentido de pertenencia e identificación con su territorio de origen. Además, en el caso de migrantes interescalares, originarios de pequeñas localidades y zonas rurales, esta práctica es relevante a fin de sostener los medios de vida y proveer de apoyos que permitan asegurar el bienestar de las personas mayores que siguen viviendo en dichos territorios.
Conforme a los resultados de este estudio, la pandemia del Covid-19 se erige como un hito clave en el que migrantes interescalares pudieron experimentar formas concretas de conciliar actividades educativas y laborales con la posibilidad, al menos provisional, de volver a estar presentes y participar de actividades comunitarias en sus territorios de origen. Aunque más adelante privilegiarán la radicación definitiva en grandes ciudades, las experiencias en este periodo de tiempo por los jóvenes, retratadas en las historias de vida, sugieren posibilidades que compatibilizan decisiones residenciales con un proyecto de vida que busca maximizar el acceso a oportunidades de formación e inserción en un mercado laboral competitivo.
Registrar de forma detallada los movimientos e intercambios que los emigrantes sostienen con el territorio de origen permite profundizar en la comprensión del fenómeno migratorio en tanto fenómeno relacional. En la medida en que las trayectorias de migrantes dejan de ser pensadas como un movimiento unidireccional y estandarizado —definido por la residencia en tanto dato estadístico a la vez que realidad legal o factual—, se hace posible observar experiencias de mayor complejidad e interés, dadas por la capacidad de habitar —simultánea o consecutivamente— en múltiples territorialidades.
Por otro lado, en un sentido más amplio, los resultados de la presente investigación permiten apreciar que la continuidad de procesos de emigración interescalar y despoblamiento de asentamientos humanos menores, también, producen un nuevo tipo de sujeto: agentes multiterritoriales interescalares, con experiencia y conciencia de las inequidades territoriales y con capacidades ampliadas —gracias a sus estudios formales y calificaciones— para intervenir e incidir sobre una distribución más equilibrada de recursos, a nivel social y territorial.
Este sujeto se distingue nítidamente de los antiguos emigrantes rural-urbanos toda vez que ha podido disponer de mayores oportunidades y acceso efectivo a una educación terciaria, además de mantenerse en contacto con sus territorios de origen, visitándolos regularmente o interactuando a distancia con ellos.
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