Artículos de Investigación

Migración interna y sus efectos en el crecimiento urbano del municipio de Querétaro

nternal migration and its effects on urban growth in the municipality of Querétaro

José Alberto Ochoa-Ramírez
División de Arquitectura, Arte y Diseño Campus, Guanajuato , México
Brigitte-Lamy
División de Arquitectura, Arte y Diseño Campus, Guanajuato, México
Ángel Serrano-Sánchez
División de Arquitectura, Arte y Diseño Campus, Campus León, México

Migración interna y sus efectos en el crecimiento urbano del municipio de Querétaro

Quivera. Revista de Estudios Territoriales, vol. 21, núm. 2, 2019

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 25 Abril 2019

Aprobación: 09 Septiembre 2019

Resumen: El rápido crecimiento urbano del México contemporáneo, mayormente orgánico antes que planificado, se explica de manera parcial a partir de la migración interna que ha caracterizado principalmente el desplazamiento de diferentes grupos de población en nuestro país durante los últimos decenios. El presente trabajo busca, a partir de “revisitar” la literatura sobre la migración interna social en un mundo globalizado o en vía de globalización, determinar sus consecuencias en el crecimiento urbano, a efecto de que se tengan en cuenta al momento de pensar el crecimiento de lo urbano y planificarlo. El artículo se particulariza para el caso del municipio de Querétaro, como parte de la Zona Metropolitana integrada, además, por los municipios de Corregidora, El Marqués y Huimilpan. Como principal resultado, se constató que el aumento de la mancha urbana, desde la periubanización o urbanización de zonas antes rurales en la periferia de la ciudad para alojar actividades de producción y de vivienda a las nuevas fuerzas laborales, se presenta a partir de la migración interna, motivada por la búsqueda de empleo; así como por la carencia de políticas de planeación en torno a las migraciones y a sus consecuencias. Por lo tanto, ante la tendencia natural de la población de buscar su supervivencia a raíz de la incorporación a la ciudad, dichas políticas públicas son indispensables para lograr un crecimiento urbano armónico para el bienestar de sus habitantes.

Palabras clave: migración interna, crecimiento urbano, Querétaro.

Abstract: The rapid urban growth of contemporary Mexico, mostly organic rather than planned, is partially explained by internal migration that has mainly characterized the displacement of different population groups in our country during the last decades. The present work seeks, from “revisiting” the literature about social internal migration in a globalized world or in the process of globalization, to determine its consequences on urban growth, so that they are taken into account when thinking about growth of the urban and plan it. The article is particularized in the case of the municipality of Querétaro, as part of the metropolitan area integrated, in addition, by the municipalities of Corregidora, El Marqués and Huimilpan. As a main result, there is evidence that the increase in urban stain from periubanisation, or urbanization of previously rural areas on the periphery of the city, in order to accommodate production and housing activities to the new forces labor. The periubanisation is product of the internal migration, motivated by the search for employment; likewise, there is a lack of planning policies regarding these migrations and their consequences. We conclude that, given the natural tendency of the population to seek their survival from the incorporation into the city, these public policies are indispensable for achieving harmonious urban growth, for the well-being of its inhabitants.

Keywords: internal migration, urban growth, Querétaro.

Introducción

La explosión demográfica presenta serios retos al desarrollo de las ciudades. A nivel internacional, en 2007, la población urbana superó por primera vez a la población rural; las proyecciones muestran que este crecimiento va a continuar hasta amplificarse afectando más a las ciudades medias que a las grandes aglomeraciones (Etel, 2009).

Pese a la ilusoria idea de bienestar y mejora de las condiciones que conlleva la migración a las ciudades, la llegada de los migrantes afecta la vida urbana; situación destacada por la ONU (2018), pues reconoce el íntimo vínculo entre la migración interna y la urbanización, y considera la posibilidad de consecuencias negativas, como el crecimiento urbano desenfrenado o la excesiva concentración de población en las grandes ciudades. Se aportan estos primeros elementos para señalar la importancia de la relación entre la migración y el crecimiento de la ciudad, así como el interés de estudiar su correspondencia.

Los movimientos migratorios siempre han presentado retos para las ciudades, pues confrontan las necesidades de empleo y de servicios (alojamiento, comercios, salud, escuelas, etc.) con la forma de atenderlas, es decir, se debe tomar en cuenta las diversas poblaciones que llegan. Existe, entonces, una cierta proyección sobre el territorio urbano del fenómeno migratorio; existen preocupaciones frente al crecimiento urbano por migración y un interés por desarrollar estrategias para responder a esta situación.

La migración puede convertirse en el hilo conductor para analizar la dinámica urbana, ya que hoy en día pocas ciudades escapan de esta realidad. Los movimientos de población se ubican ahora en el corazón de las dinámicas urbanas y podrían permitir orientar el análisis sobre un factor importante de la evolución demográfica de las ciudades y así privilegiar el estudio del aspecto dinámico del crecimiento urbano. Sin embargo, más que estar relacionadas con el crecimiento urbano, las migraciones constituyen un hecho revelador de la dinámica urbana; es decir, la capacidad económica y de servicios para atraer y retener a la población.

El objetivo de este escrito es reflexionar sobre la migración interna generada hacia la ciudad de Querétaro en cuanto a su origen, sus características y la expansión urbana que se desarrolla a partir de este fenómeno; para ello, se consulta la literatura más actualizada. Se tienen trabajos como los ensayos de Stern y Corona (1985); Pérez y Santos (2013); Lee (2015); Soberón, Cadena y Orozco (2015); Varela, et al. (2017); Almejo y Hernández (2017); entre otros, quienes mencionan de manera particular la importancia de la migración interna en nuestro país, y de forma general el crecimiento urbano.

Así, se observa la situación de la ciudad de Querétaro y se intenta establecer la relación entre la migración interna y sus consecuencias en la ampliación de la mancha urbana de este conglomerado. Existe una correspondencia entre ciudad y poblaciones; la ciudad representa un espacio “natural” de inmigración.

Históricamente, la definición de ciudad fue caracterizada por una población heterogenia, que sea de procedencia o culturalmente hablando permitió a los investigadores de la Escuela de Chicago considerar el fenómeno de desarrollo de la ciudad sistemáticamente asociado a la presencia de inmigrantes.

El trabajo se divide en cinco apartados: el primero busca establecer el concepto de migración; el segundo, sus causas; el tercero, las consecuencias de la migración interna relacionándola con el crecimiento urbano; el cuarto, precisa la relación migración y desarrollo urbano; el quinto, establece los resultados y la discusión de la reflexión en torno a la migración interna y al crecimiento urbano que se ha presentado en épocas recientes.

Migración interna

La migración interna, como fuerza de transformación de la sociedad es objeto de múltiples disciplinas: la ciencia política, la historia, la economía, la geografía, la demografía, la sociología, la antropología, el derecho y el urbanismo. Para Bassand (1980), la migración “es uno de los ejes fundamentales del funcionamiento y del cambio de las sociedades contemporáneas. Es imposible comprender esas sociedades sin tomar en cuenta la movilidad espacial que ahí se desarrolla” (citado por Thumerelle, 1986: 12-13).

Por parte de las ciencias sociales, Pérez y Santos (2013) establecen que existen tres grandes vertientes de investigación: la economía y política internacional, la toma de decisiones en la migración y los patrones meso o regionales de la movilidad de la población; sin embargo, la afectación espacial que presenta en las ciudades, producto de la migración interna, es mínimamente estudiado.

La importancia que ha adquirido la migración en las últimas décadas, tanto en volumen como por su significación en el cambio global, ha llevado a Castles y a Miller (2004) a acuñar la expresión “era de la migración”. De manera particular, destaca la migración interna o movimiento de la población de su sitio original a uno nuevo dentro del mismo territorio, ya que presenta retos tanto para los mismos migrantes y el conglomerado receptor (sociales) como para el territorio (espaciales). Tan sólo en México, de acuerdo con cifras del INEGI, la mayor corriente migratoria se deriva de la migración interna, pues ha aumentado el flujo entre ciudades del 65% durante 1995 y 2000, y del 68% durante 2005 y 2010 (Lee, 2015).

Las ciudades y los grandes corredores migratorios expresan la compleja articulación entre la movilidad de los seres humanos y la estructura económica del mundo (Gildas, 2008). Este importante movimiento de población relacionado directamente con los centros urbanos, donde las ciudades eran “‘imanes de esperanza’ para los inmigrantes que se dirigen hacia ellas motivados por la convicción de que iban a encontrar mejores oportunidades en términos de ingresos y redes de apoyo” (UNESCO, 2011), se acentuó y expandió con la industrialización, el liberalismo económico y la globalización o mundialización.

Respecto al fenómeno temporal, en el pasado, estos movimientos tenían el sentido “campo-ciudad”; situación que hoy día ha cambiado notablemente hacia “ciudad-ciudad” (Granados y Franco, 2015). Por lo tanto, el entorno urbano parece estar en constante cambio y crecimiento. La migración es parte de la realidad urbana; es decir, la afecta social y espacialmente. Sin embargo, poco se ha hablado claramente de la relación entre la migración interna y la ciudad en términos de sus consecuencias o impactos sociales y espaciales.

Las razones de la migración

Las razones de la migración son variadas, confirman diversos autores: Fischer (1984), Thumerelle (1986), Chávez (1999), Pérez y Santos (2013), Granados y Franco (2015), Varela et al. (2017).

Para Thumerelle (1986), hay cuatro razones fundamentales: aquellas atribuidas al lugar de origen, las referidas al lugar de destino, las relativas a los obstáculos entre ambos lugares y las concernientes a la persona misma; particularizando en lo individual, el autor establece la necesidad de considerar en los estudios una familia de variables: el periodo de vida actual, el estatus social ligado al tipo de actividad que se realiza y las experiencias migratorias recientes. Roberts (1995), por su parte, establece cuatro razones de la migración: por cuestiones personales, por eventos familiares, por razones ligadas a la vivienda, y por motivos de guerra.

En el caso actual de la migración interna, en nuestro país, se observa el rol preponderante de los factores endógenos que compara el lugar de origen y el de destino, como es el caso de la actividad económica. De acuerdo con Varela et al. (2017), los mercados laborales determinan los flujos migratorios internos, pues provocarán que las personas busquen mejores oportunidades en otros lugares de destino.

Ante la terciarización de las economías modernas y la especialización de la mano de obra, precisadas por Domenach y Picouet (1995), en la actualidad la tendencia de migración con esquema rural-urbano ha disminuido y se ha modificado por uno urbano-urbano, en el cual se tienen indicadores predominantemente del tipo urbano-regional, donde las zonas metropolitanas se ven beneficiadas por trabajadores más calificados; asimismo, se incluye la migración intermetropolitana con fines residenciales y no únicamente laborales (Varela et al., 2017).

Jaime Sobrino (2010) señala que, aunque hay una atenuación de la urbanización y crecimiento de las ciudades de México en el tiempo, la migración se mantiene como constante de la sociedad mexicana aumentando de un censo a otro; asimismo, precisa que con dicha migración las ciudades enfrentan problemas de vivienda y de provisión de empleos adecuados, solventados por un mayor dinamismo y crecimiento acelerado de éstas, lo que se vuelve un desafío para la planificación y las políticas urbanas.

Los factores económicos constituyen las condiciones necesarias para la migración; sin embargo, no constituyen en sí mismos condiciones suficientes ni la determinan de manera mecánica (Bonetti, 1994). Razones no económicas también motivan la migración: escapar de la opresión y de la discriminación, buscar mayor libertad y mayores entretenimientos, gozar de mejores servicios (educativos, sanitarios, etc.), acercarse a parientes y amigos que ya hayan migrado. De hecho, parece que los factores ligados a las condiciones de vida (calidad de vida) determinan cada vez más la movilidad.

Los efectos de la migración

Sabemos que la migración introduce cambios en las diferentes esferas de la sociedad (demográficos, económicos, sociales, culturales, políticos, etc.) y puede tener repercusiones en diferentes niveles (la sociedad, la comunidad y el individuo) (Lewis, 1982).

Algunos efectos establecidos por los diferentes autores son: la urbanización de la cultura, entendida como el manejo de formas urbanas de pensar y de comportarse (Fitcher, 1968); el esparcimiento de nuevas ideas, técnicas e información, así como una reagrupación de los migrantes por su origen, edad, perfil socioeconómico de educación u ocupación, u otra característica étnica (Lewis, 1982); el crecimiento urbano en el que, al no ser adecuadamente absorbida la población migrante, se presenta un alto nivel de desempleo o presencia del sector informal (Bairoch, 1985). Todo ello provoca fenómenos, como la exclusión, la segregación socioeconómica y los conflictos sociales.

Por tanto, la migración sobre el territorio produce una redistribución de la población y nuevas concentraciones; a nivel ciudad, se manifiesta una rápida expansión urbana incontrolada, comúnmente, segregación espacial (ONU, 2018). Según Pérez y Santos (2013), las zonas metropolitanas en México se han visto favorecidas en cuestión de migración interna, ofreciendo empleos más calificados, lo que a su vez representó un reto para la expansión de las ciudades en términos de servicios (citado por Varela et al., 2017). Sin embargo, precisa Chávez (1999), esto mismo traerá a la ciudad una demanda mayor de empleos, servicios educativos, de salud y públicos, y de vivienda.

De acuerdo con Pérez (2007) y Granados y Franco (2015), el cambio de residencia se presenta mayormente entre ciudades medias, lo cual ha generado una expansión urbana que induce a una segregación entre los grupos que pueden obtener un crédito de vivienda y aquellos que no; y, por ende, estos últimos tenderán a ocupar zonas de suelo urbano de manera ilegal, sobre todo, en zonas de alto riesgo.

Ello ha llevado a un cambio del modelo urbano de nuestras ciudades: del modelo de núcleo compacto o denso al de expansión urbana que genera una ciudad “difusa”, en donde se insertarán diferentes tipos de asentamientos, comunes a las ciudades latinoamericanas: los fraccionamientos de estratos altos, la vivienda social promovida por los gobiernos y los asentamientos informales (Bahr y Mertins, 1993, citado en: Ortiz, 2002).

Migración interna y crecimiento urbano en Querétaro: Resultados y discusión

Respecto de la migración interna en México, los datos del INEGI (1995) indican que, de 1985 a 1990, 1 de cada 5 habitantes del país migró de un estado a otro, teniendo prevalencia por 10 estados de la República, con una proporción superior al 30% de dicha inmigración, mientras que la media nacional era del 22.4%.

Entre estas entidades atrayentes se encontraba Querétaro, con un saldo migratorio positivo del 4.3%, debido al grado de desarrollo económico alcanzado por su zona metropolitana (Navarro et al., 2014, citado por Varela et al., 2017), cuyos inmigrantes procedían del Distrito Federal, Guanajuato, Estado de México, Hidalgo, Michoacán, Veracruz, San Luis Potosí, Jalisco y Puebla, en orden mayor a menor flujo.

Polenciano (2018) precisa que, de acuerdo con el Consejo Estatal de Población (COESPO), actualmente la población queretana crece un promedio de 31 mil personas por año; de este crecimiento poblacional, mil 800 son inmigrantes extranjeros; por otra parte, anualmente salen del estado 13 mil personas. Del total de inmigrantes que llegan al estado, el 31% proviene de la Ciudad de México; el 20%, del Estado de México; el 10%, de Guanajuato; el 4.5%, de Hidalgo; y el 4.4%, de Michoacán (citado por Polenciano, 2018).

Entre 2005 y 2010, el estado de Querétaro ocupó el quinto lugar a nivel nacional entre las entidades federativas que fungieron como principales polos de atracción de migración interna, es decir, el 3.3% de su población total, lo cual implica un incremento de 31 mil personas; mientras que expulsó a 13 mil personas entre 2000 y 2010 (Polenciano, 2018).

Para dicho periodo, el Consejo Estatal de Población establece que en la Zona Metropolitana de Querétaro el crecimiento de sus municipios fue de: 6.3% para Corregidora, 5.0% para El Marqués, 1.9% para Huimilpan[1] y 2.3% para el municipio de Querétaro, considerando que el 40% de la población estatal vive en la capital. Según el COEPES, “si le sumamos la población de los municipios de la Zona Metropolitana, El Marqués, Corregidora y Huimilpan, estamos hablando de que supera 60% de la población del estado la que se concentra en la Zona Metropolitana en estos cuatro municipios” (COEPES, citado por Polenciano, 2018).

De acuerdo con Ramón Abonce, Secretario de Desarrollo Sustentable municipal, el crecimiento del municipio de Querétaro se dirigió hacia la zona norte, particularmente en Santa Rosa de Jauregui y Epigmenio González, dos de sus siete delegaciones, debido a sus adecuadas características de conectividad, así como a la instalación de la industria en la primera y de la zona habitacional en la segunda (Abonce, 2014). Según Rojas (2017), Secretaria Estatal de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, estima que la mancha urbana del estado crecerá casi al doble de su tamaño por la migración y se incrementarán los municipios que integran la Zona Metropolitana estatal:

Recordemos que la Zona Metropolitana 1 hasta el día de hoy está integrada por Huimilpan, Corregidora, El Marqués y Querétaro, pero muy pronto se va a integrar el municipio de Colón, porque ya cuenta con los lineamientos técnicos […]. El gobierno del estado, a través del gobernador, hará ese reconocimiento en muy corto plazo y esos municipios van a tener mayor migración. En la Zona Metropolitana 2 están San Juan del Río y Tequisquiapan (citado por López, 2018).

La primera causa de migración interna hacia el estado de Querétaro es el crecimiento industrial, dada su ubicación privilegiada, lo cual ha originado una demanda mayor de mano de obra; con ello, su categoría histórica de estado expulsor de población, a partir de 1950, se ha revertido convirtiéndose en receptor, mayoritariamente de otros estados, antes que entre sus municipios.[2] La segunda causa es atribuida a la relativa paz del estado en comparación con otros, ya que experimentan problemas de violencia y crimen organizado (Plassot, 2016).[3] La tercera causa se imputa a la huida que hacen muchos habitantes de la Ciudad de México por el terremoto de 1985 hacia ciudades cercanas.

Adrián Gardiazábal (2018), delegado de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, patentiza la idea de que este fenómeno migratorio puede repetirse tras el sismo de septiembre del 2017; “es preocupante el crecimiento que ha tenido el estado en los últimos 15 años. El mayor acelere de crecimiento se dio en este periodo; sin embargo, los sismos del 2017 podrían motivar que residentes de la Ciudad de México, Morelos y Puebla consideren vivir en Querétaro” (citado por Contreras, 2018).

Según el Censo de 1995 realizado por INEGI (1995), de la totalidad de inmigrantes, el grupo de edad de 25 a 49 años es el mayor porcentaje con un 48%; están activos económicamente en un 65.6%; 62.6% se ocupa en el sector terciario, mientras que el 28% corresponde al sector secundario.

En este periodo, de los migrantes a Querétaro, el 63.2% cuenta con educación post primaria. De acuerdo con Almejo y Hernández (2017), este estado fue el primer receptor de migrantes con estudios superiores durante 2010-2015, lo cual también establece Sobrino (2010); además, tiene la preferencia por asentamientos pequeños y principalmente turísticos,[4] y con el menor nivel de desocupación de los migrantes internos jóvenes; y, a la vez, fue el de mayor nivel para los mayores de 50 años.

El crecimiento explosivo de la población, derivado de la migración interna, tendrá su réplica en el ámbito urbano; diversos autores avalan esto: Delgado (1993) precisa que, a partir de 1970, la ciudad de Querétaro crecerá 7 veces en 20 años; mientras que Rabell señala un aumento de 25 veces en el mismo periodo (citado por Flores, 2014); y, por su parte, Duering establece un crecimiento de 100 veces en los últimos 40 años (citado por Quino, 2017).

Esto originará que, entre 1965 y 1990, se una con los municipios vecinos de Corregidora, El Marqués y Huimilpan, para formar la zona metropolitana de Querétaro (Rivón, 1997). En 1960, la ciudad no rebasaba lo que posteriormente sería definido como el Centro Histórico, cuyos límites eran la Avenida Universidad al norte, la Avenida Circunvalación al este, la Avenida Zaragoza al sur, y la Avenida Tecnológico al oeste (Gobierno del Estado de Querétaro, 1994).

La expansión de la ciudad superó en tasa de crecimiento el doble del total del Estado de Querétaro e, incluso, el de muchas ciudades del país (Delgado, 1993), lo cual propició una estructura fragmentada, siguiendo dos tipos de desarrollo urbano a costa de las tierras agrícolas y los acuíferos existentes: inicial de expansión uniforme de su zona central hasta unirse con las carreteras regionales que se convertirán en vías rápidas, para, posteriormente, hacerlo de forma radial a dichas carreteras (Rivón, 1997).

De acuerdo con proyecciones del Consejo Estatal de Población (COESPO), para el 2021, en Querétaro vivirán 2 millones 175 mil 89 personas; casi 112 mil más que en 2017, lo cual implica un crecimiento poblacional de 5.4%. Para ese mismo año, se calcula que la Zona Metropolitana del estado estará habitada por un millón 318 mil 331 personas, 60.6% de la población estatal (Contreras, 2018).

Al analizar la información precisada en los censos, sobresale la expansión urbana derivada de la migración y la distribución de la mayoría de esta “nueva” población (con mayor número de población de menos de 5 años y sus familias, así como la menos escolarizada) en las colonias “periféricas”; mientras que la menor proporción se asienta en el centro de la ciudad (población de 65 años y más, con mayor escolaridad, y ocupación en el sector terciario).

Al no contar el gobierno estatal con un proyecto que relacione a la sociedad con el territorio, se presenta una segregación socio-espacial de la ciudad patente en el desarrollo periférico de vivienda lejana del centro de la ciudad, y con una movilidad compleja para estos nuevos habitantes (Icazuriaga, 1994; Emilio Duering, citado por Quino, 2017).

En relación con la migración urbana-urbana, 9 de cada 10 personas que buscan vivienda en Querétaro son de otras entidades del país; la inseguridad en ellas, como es el caso de Michoacán, ha igualado la demanda de los provenientes de la Ciudad de México (Herrera, citada por Rosas, 2014). Este aumento poblacional se refleja, asimismo, en carencias o déficit de infraestructura urbana y de equipamiento urbano, cuya solución debería ser compartida por el gobierno y por la sociedad; sin embargo, como precisa Lee (2015), los gobiernos locales, encargados de formular las políticas de migración y urbanización, son los últimos eslabones en la cadena de toma de decisiones.

Respecto al crecimiento de la zona metropolitana de Querétaro, se hace necesario repensar la planeación urbana como un instrumento para conducir el desarrollo urbano y la calidad de vida de sus ciudadanos a partir de la sostenibilidad, la igualdad, la inclusión, el bienestar, la seguridad y el desarrollo social, como establece el presidente municipal de Querétaro del trienio 2016-2018, Luis Bernardo Nava Guerrero:

La ciudad es el lugar en el que somos, en el que crecemos, en el que estudiamos, en el que trabajamos, en el que nos relacionamos con los demás, pero más porque la ciudad en su infraestructura, en su ordenamiento define los qués y los cómos, define las oportunidades, define las formas en las que nos relacionamos, define la calidad de vida que tenemos. Juntos hacemos Querétaro y aquí todos participar en la definición de la perspectiva en la que habremos de seguir construyendo para ser el estado con la mejor calidad de vida del país (López, 2018).

En este periodo gubernamental, en mayo del 2016, el gobierno municipal firmará un acuerdo de colaboración con ONU-Habitat, que incluya los principios de desarrollo participativo, a fin de formular la Estrategia de Territorialización del Índice de Prosperidad Urbana, Q500 (ONU-Habitat, 2018), la cual incorpore el Objetivo 11 del Desarrollo Sostenible, denominado Ciudades y comunidades sostenibles.[5]

Es importante precisar que la principal razón para migrar hacia Querétaro es el empleo, pues se busca mejorar en el aspecto material; esta situación confirma los estudios realizados en países desarrollados (Che-Alford, 1992;Nam et al., 1990; Long, 1988) y coincide con las aseveraciones de varios autores: Méndez (1985); David Hervey, citado por Abu-Lughod (1991); y Macionis y Parrillo (1998), quienes precisan que la redistribución de la población sobre el territorio no es el resultado de un “proceso natural”, sino de las fuerzas económicas del capitalismo.

Respecto al efecto que dichas directrices económicas producen sobre la población, forzándola a migrar, las ciudades receptoras buscan una sustentabilidad urbana ante este crecimiento poblacional; Quino (2017) considera la ocupación de los lotes baldíos al interior de la ciudad, y Rojas (2017) sugiere que, antes que aumentar la mancha urbana, se genere una propuesta de construcción vertical, la cual permita atender un mayor volumen de población en una superficie urbana más densa.

Conclusión

El análisis de las migraciones presenta mucho interés en el estudio del espacio urbano, más allá de la distribución o redistribución de la población; como ya se mencionó, las migraciones constituyen un buen revelador del funcionamiento de las ciudades, tanto internamente como en relación con el resto del espacio. Además, las redes migratorias son indicadores de los vínculos sociales, los cuales subyacen la estructuración del espacio urbano.

Respecto a Querétaro, podemos concluir que el crecimiento urbano de la ciudad, su periurbanización, se debe, entre otras causas, a la migración interna a partir de movimientos poblacionales regionales, que involucran a los estados vecinos, en su mayoría, y que se determina por una migración de habitantes de ciudades a la zona metropolitana de Querétaro.

El empleo y la calidad de vida son algunas razones para cambiar de residencia, así como por la seguridad que manifiesta Querétaro, en comparación con las ciudades aledañas. Además, su oferta cultural, educativa y laboral son motivos que atraen a los inmigrantes con un alto nivel de educación.

Los fenómenos naturales también han propiciado migración interna, como el sismo de 1985 en la Ciudad de México, época en la que concentraba aproximadamente una quinta parte de la población nacional; esta situación expulsó inmigrantes hacia diversas partes de la República Mexicana, incluida la ciudad de Querétaro, lo cual podría repetirse ante el sismo del 2017.

Un aspecto negativo reportado en este análisis es que, aunque existen documentos que buscan la mejoría urbana y territorial a partir de la planeación, tal es el caso del proyecto Q500, no se contempla el crecimiento urbano causado por la migración interna para la ciudad de Querétaro y su zona metropolitana, dada la gran atracción que supone su progreso económico y cultural, y no existe una planeación adecuada para su manejo, dejando su desarrollo al capitalismo.

Precisamos señalar que la migración afecta de manera clara al ámbito urbano y se convierte en uno de sus importantes retos. Ello hace necesario conocer y tomar en cuenta este fenómeno para reflexionar lo urbano y la ciudad y, sobre todo, actuar en consecuencia.

Referencias

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Notas

[1] El bajo crecimiento de la población del municipio de Huimilpan es derivado de la creciente expulsión de sus habitantes hacia el extranjero, pese a su pertenencia a la Zona Metropolitana, lo que lo sitúa como uno de los ocho municipios del estado con intensidad migratoria muy alta. Consultar: Newsweek (2018). Querétaro. Migración: una tragedia. Recuperado de: https://newsweekespanol.com/2018/12/queretaro-migracion-tragedia-global/
[2] Esta condición industrial del estado permite extrapolar las conclusiones de las consecuencias de la migración rural a la Ciudad de México, establecidas por Stern y Corona (1985), al precisar que ésta se volvió un centro de formación de trabajadores asalariados, básicamente dentro del proletariado industrial.
[3] Los autores precisan que otras posibles causas de la migración pueden ser la percepción de mejoras en ingresos, iniciativas de negocios personales o también tranquilidad, calidad ambiental o disminución de los costes de vida que se dan en otras ciudades o estados (2019); esto coincide con Lee (2015), quien establece que los migrantes buscan ciudades más pequeñas que ofrecen mejores instalaciones, que compensan la pérdida de servicios culturales y sociales de las grandes conurbaciones.
[4] Se ratifica lo establecido por Capello (1999), Chávez (1999) y Sobrino (2010), quienes señalan que el principal motivo para migrar es el laboral, así como la existencia de un sistema socioeconómico y cultural para comprender la competitividad regional que configuran los factores de atracción (ver Soberón, Cadena y Orozco, 2015).
[5] La revisión del citado documento no considera la migración interna ni sus consecuencias en el crecimiento urbano; se dirige más hacia la consideración del hacinamiento que se presenta en las zonas de expansión reciente y en los índices socioeconómicos precarios, muy bajos y bajos, en los bordes de la aglomeración urbana, como Menchaca, El Romerillal o Los Viñedos (ver ONU-Habitat, 2018). Esta situación es advertida por Lee (2015) al precisar que la inclusión de los migrantes no es un tema prioritario en las políticas públicas de los países menos desarrollados.
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